No es nuevo escuchar que la enseñanza en nuestro país es muy deficiente, algo con lo que estoy de acuerdo. No voy a entrar a valorar los contenidos, ni mucho menos a los docentes, que hacen lo máximo posible con los recursos limitados que poseen. Para mi, el principal problema de la enseñanza es que falla en lo básico, en enseñar a vivir. Los conocimientos académicos son imprescindibles, y siempre nos ayudan a mejorar, pero además de eso, deberían enseñarnos a manejarnos por la vida, a enfrentarnos a situaciones adversas, a reflexionar antes de actuar, a valorar las diferentes posibilidades que ofrece cada situación, a crecer en el fracaso y no dormirse en el éxito, a respetar a los demás para conseguir que nos respeten, a admitir que todas las opiniones e ideas son dignas de consideración aunque sean rebatibles, o no las compartamos. Deberíamos aprender que nuestro propio bien está unido al bien común, y que las oportunidades no vendrán a buscarnos a casa, que hay que escarbar y remover lo que haga falta hasta que las encontremos. Nos falta educación vital, nos falta aprender a conocernos, a encontrar nuestros límites y superarlos, a saber por qué reaccionamos como reaccionamos ante determinados estímulos o situaciones. Por qué sentimos alegría o dolor, y cómo no dejarnos llevar en exceso por la primera ni caer derrumbados por lo segundo. El sistema educativo diseñado por el poder nos da unos conocimientos encorsetados y cerrados, eso es lo que necesitamos para superar esta etapa, pero no nos proporciona las herramientas para desarrollar la personalidad de una manera eficiente, no nos enfrenta a situaciones que exijan razonamientos y comportamientos diferentes, más allá de lo que aparece en los libros de texto, lo que sin duda nos haría ser personas más seguras en nuestras capacidades y más competentes. Cuando terminamos con nuestra educación, es como si nos soltaran con un cuchillo en una guerra de misiles, y tenemos muchas posibilidades de caer derrotados y ser infelices en nuestra vida, porque nadie nos enseña que la búsqueda de la felicidad es un estado interno y parte del conocimiento de uno mismo. La religiosidad budista lo descubrió hace dos mil años. Nosotros aún ni hemos arañado la corteza.
Buenas reflexiones sobre un problema tremendo de nuestra sociedad. Supongo que a los gobernantes no les interesa formar ciudadanos con muchas 'armas' para obtener la felicidad... Podría darles por utilizarlas y ser libres! Y luego no habría esclavos para sostener el sistema y hacer más fuerte al poderoso y más débil al que no tiene ni donde caerse muerto. En fin...
ResponderEliminarEs más fácil educar autómatas con un comportamiento estándard y que luego cada uno aprenda a vivir "a palos", pero sin las herramientas necesarias para ser crítico y aprender a usar la libertad. Como dices, ciudadanos libres y bien formados son un peligro para los privilegios de los poderosos.
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