jueves, 26 de junio de 2014

Lotería

Así es como ve el Gobierno las indemnizaciones por despido. Como una lotería. Es decir, que si sale tu número en el ERE que corresponda, o simplemente tu empresa quiere mejorar su cuenta de resultados y te ponen en la calle, la indemnización por despido que recibirás es un pastel que no te mereces, y del que Hacienda va a comer su porción, faltaría más. Por si no tuvieras bastante con quedarte en la calle, tal y como está hoy en día el mercado laboral, encima debes pagar impuestos por ser despedido. Eso sin contar que las indemnizaciones por despido bajaron de 45 días por año trabajado a 33 ó 20 días, según el tipo de contrato. Y después de haber bajado el importe y la duración de las prestaciones de desempleo, prestaciones, hay que recordar, que no son una limosna del Estado, sino un derecho adquirido a través de las cotizaciones de los trabajadores. Es increíble la desfachatez que tiene este Gobierno, que sin inmutarse mete la mano en el bolsillo de los más perjudicados, mientras que hace la vista gorda con las SICAV y da amnistías fiscales a todos los defraudadores arrepentidos que prometan que van a ser buenos y que no van a volver a esconder dinero fuera de España. Como decía el otro, España va bien, y así nos va.

domingo, 22 de junio de 2014

Laicos...?

No es como para tirar cohetes, ya lo se, pues eso de que uno llegue a Jefe del Estado porque su papá y sus abuelos lo hayan sido antes no es muy democrático que digamos, y quizás se debería de haber consultado al pueblo soberano (o sea nosotros) para saber qué opinamos del tema. Como inciso, siempre que escucho lo del "pueblo soberano" me da la risa floja. Como país y como ciudadanos individuales tenemos menos libertad que nunca para elegir nuestro destino, pero bueno, vamos a hacer como que lo somos. Decía que no es para tirar cohetes, pero al fin hemos visto un acto oficial en este país sin misa, sin biblia sobre la que jurar y sin crucifijo y demás parafernalia religiosa  al lado de la corona. Y por supuesto, sin Rouco diciendo tonterías, tonterías a veces peligrosas y en muchos casos contrarias a la ley, como ya hizo en en otras ocasiones. Un acto oficial laico en un país oficialmente aconfesional. Quizás sí es verdad que algo empieza a cambiar, aunque sea muy poquito. A ver si el Gobierno toma nota y empieza a separar sus creencias de sus obligaciones como gestores del país, y desautoriza a sus ministros cuando intentan legislar con su fe y no por el interés de los españoles en general. Igual al país le iba mejor que ahora.

miércoles, 18 de junio de 2014

Estamos tontos...

No hay otra explicación. Estamos tontos y aún no lo sabemos. O no queremos saberlo. Este Gobierno nos está metiendo un gol detrás de otro, y nosotros seguimos sin enterarnos. Hace un par de días se han conocido dos noticias, a cual más aberrante, que casi han pasado desapercibidas en los medios. Por supuesto, sin comentarios del Gobierno. La primera, que en España, el número de grandes fortunas, aquellas que acumulan más de 30 millones de dólares, se ha multiplicado durante los años de la crisis, y las sociedades que gestionan sus fondos, las SICAVS, han recuperado el nivel de fondos que tenían antes de la crisis y están cerca de su máximo histórico, y todo ello gracias a la amnistía fiscal de Montoro. Es decir, la vida sigue igual, los ricos cada vez más ricos, y los que tenemos dificultades para llegar a final de mes, cada vez con más dificultades. Nada nuevo. La otra es aún más lacerante: el Gobierno ha aprobado la privatización de AENA Aeropuertos. El mismo Gobierno que nacionalizó Bankia con una deuda de más de 25 mil millones de euros, que pagaremos durante muchos años todos los españoles con los recortes que sufrimos, privatiza una empresa que tras un ajuste bestial, ERE con miles de despidos incluido, ha cerrado el año 2013 con más de 600 millones de euros de beneficio. Es decir, el viejo esquema de siempre: socializar pérdidas y privatizar ganancias. Los agujeros los tapamos entre todos y los beneficios se van para los amigos del Gobierno. Y todavía no ha rodado ninguna cabeza. Eso sí, si la Selección gana esta noche a Chile, respiraremos tranquilos y mañana nos levantaremos optimistas. 

lunes, 16 de junio de 2014

Juego de Tronos

Después de la espantada de Rubalcaba con motivo de los desastrosos resultados de las elecciones europeas, la situación en PSOE se parece la serie de Juego de Tronos. Los llamados barones se posicionan a favor de uno u otro candidato, los candidatos al trono vacante pasan los días sin decir ni sí, ni no, sino todo lo contrario, para no pillarse la lengua. No se ponen de acuerdo para definir el sistema de elección de Secretario General: si primero primarias y luego Congreso Federal, si primero Congreso y luego primarias, si primarias dentro del Congreso. No se ponen de acuerdo para decidir si votan sólo los compromisarios, si votan los militantes o si votan también los simpatizantes, a modo de primarias abiertas. Pierden el tiempo mirándose el ombligo y mientras los votantes socialistas asisten asombrados al espectáculo vergonzoso que nos están ofreciendo los dirigentes de un partido que tiene más de 130 años, pero que con dirigentes como los actuales está claro que no va a durar otros 130. Si me apuran, ni 10 más. Rubalcaba, que no participa, al menos directamente (quien sabe si lo hace en la sombra) de este juego de tronos, parece salido de otra serie, The Walking Dead, y lleva varios meses paseando su cadáver político por el Parlamento y los medios con mucha más pena que gloria. O con mucha pena y sin ninguna gloria. Y encima, le toca tragarse el sapo de decir que el PSOE es un partido republicano que se lleva bien con la monarquía parlamentaria.


domingo, 8 de junio de 2014

...Rey puesto

La noticia saltó como una bomba: el Rey abdicaba y cedía la Corona a su hijo, que en adelante será Felipe VI. Chirría un poco que en una democracia el máximo representante del Estado se elija, como decían ayer de manera humorística en un programa de radio, en unas primarias cerradas: un monarca, un voto y se acabó. La monarquía en sí resulta un poco anacrónica, pues concede a una persona, el Rey, una especie de impunidad que le hace estar por encima del bien y del mal, es decir, por encima de la Justicia, y eso en base a una supuesta sangre noble que corre por sus venas desde hace siglos, los mismos siglos que lleva su familia (la de este y la de todos los reyes) oprimiendo y explotando a sus súbditos. Hace unos días, casualidades, tuve la oportunidad de leer el manifiesto que envió Quevedo a Felipe IV (otra casualidad) y que le costó la prisión. Sorprende descubrir que, línea por línea, casi se puede aplicar a la situación actual [Por si alguien quiere leerlo, lo encontrará en este enlace: Manifiesto Quevedo] . El debate ahora es Monarquía o República, y cada cual tiene sus preferencias. Cada sistema tiene sus vicios y sus virtudes, y si bien es cierto que en una República se elige al Presidente periódicamente, con el actual sistema de partidos y la poca talla política de los mismos, ¿Hay alguien que pueda garantizar que no van a convertir la figura simbólica del Jefe del Estado en un títere más para resolver sus guerras? Ya lo hacen con los presidentes del Congreso y el Senado, supuestamente imparciales y a quienes se ve el plumero muy a menudo (¿verdad, Celia Villalobos?). ¿Alguien se imagina a un PP antirrepublicano defendiendo la marca de la República de España? ¿Monarquía o República? Libertad, igualdad, trabajo y derechos sociales. Después hablamos.

lunes, 2 de junio de 2014

Democracia

La democracia es el sistema menos imperfecto de los que conocemos para gobernar un país, y en unas circunstancias ideales, sería el sistema idóneo para ser un gobierno efectivo del pueblo. El problema es que a la hora de poner en práctica la democracia no es posible mantener una situación de equilibrio. Este equilibrio se conseguiría si entre unos pocos partidos (por supuesto más de dos, puede que cuatro o cinco, y de ideologías diferenciadas) se repartieran el 80% de los votos de los ciudadanos con fuerzas parejas, de manera que un gobierno estable estuviera sustentado por al menos dos o tres de esos partidos. Eso garantizaría la pluralidad y el control mutuo de los mismos. Pero este equilibrio es casi imposible, en España apenas se ha visto, salvo en los gobiernos apoyados en los nacionalistas en los años noventa. Las alternativas son bastante peores. Por un lado, democracias a la italiana, con tantos partidos en el parlamento que resulta imposible formar gobiernos estables y donde los presidentes de los gobiernos duran dos telediarios. Por otro, los gobiernos con mayorías absolutas demasiado abultadas que al final se convierten en dictaduras de partido, y que gobiernan en contra incluso de los compromisos electorales contraídos con quienes les habían votado. O sea, España hoy. El panorama no es alentador, y lo que es peor, tampoco parece que vaya a cambiar. Para un político, lo primero es su interés personal, el mantenerse en el cargo a toda costa. A fin de cuentas, vive de esto. Luego, el interés de su partido, pues si su partido sale del gobierno, se le acaba el chollo. En tercer lugar, los intereses de quienes les sustentan en realidad, es decir, los grupos de presión económicos y sociales, que además son quienes le facilitarán la puerta giratoria en caso de que salga de la política. Y si sobra alguna migaja, pues para los ciudadanos, a quienes hay que mantener en la ilusión de que realmente son importantes para que sigan votando. Es la farsa de la falsa democracia.