domingo, 27 de junio de 2010

TEMERIDAD IMPRUDENTE

Hace unos días, un tren arrolló y mató a 13 personas en un apeadero de la Costa Brava, el ya tristemente famoso apeadero de Castelldefells. Inmediatamente, al hilo de la noticia, los informativos desplegaron toda su infanteria para acercarnos el luctuoso suceso. Después de la infantería, a la mañana siguiente, llegó la caballería radiofónica y aparecieron los tertulianos, esos seres investidos de una razón pura más allá de toda duda razonable, infalibles en sus juicios y afirmaciones, ya hablen del tiempo o del misterio del triángulo de las Bermudas. Y claro, para muchos de ellos lo lógico es pensar que la culpa es del Gobierno, de la Generalitat, de Adif, de Renfe, del revisor del tren de cercanías o de la señora de la limpieza de la estación, y nunca, de unas personas que irresponsablemente y saltándose todas las normas de seguridad que dicta el más mínimo sentido común, se dispusieron a cruzar las vías, pensando que el tren que llegaba a lo lejos iba a parar en la estación. Es una nueva muestra de irresponsabilidad personal, cuyas consecuencias se quieren achacar a los poderes públicos. Otra muestra de que tomamos decisiones arriesgadas sin calcular precisamente eso, el riesgo que corremos y queremos que las consecuencias sean responsabilidad de otros. Hasta el Gobierno ha tenido que hablar de irresponsabilidad con un tono suave y como disculpándose y pidiendo perdón, para no ofender. No. Por mucho dolor que nos cause cualquier muerte, éstas han sido imputables única y exclusivamente a los propios afectados, que no han respetado las normas establecidas para evitar este tipo de incidentes. Y nada más. Si el paso subterráneo era estrecho, pues se espera uno y pierde 10 minutos en pasar. Mejor 10 minutos que la vida. Otros hablan que los guardias de seguridad comenzaron su turno de trabajo unos minutos más tade, y que si hubieran empeado antes se podría haber evitado. Volvemos a lo mismo: si no está presente una fuerza coactiva, no somos capaces de comportarnos y actuamos de manera irresponsable. En una emisora de la Cadena Ser, una locutora llegó a decir una frase alucinante, textualmente: "Al parecer, el maquinista del tren no tuvo los reflejos suficientes para detener el convoy". Cualquiera que tenga conocimientos de física a nivel de ESO o BUP o como sea, sabe que detener un tren Alaris, con una masa considerable, que circula a más de 100 kilómetros por hora es una misión complicada, que requiere de cientos de metros de frenada enérgica. Se supone que un periodista tiene una carrera universitaria...
Afortunadamente para el maquinista, el hombre cumplía con todas las normas y regulaciones impuestas y estaba haciendo impecablemente su trabajo. El trauma del accidente no se lo quitará nunca, pero al menos nadie podrá salir por ahí diciendo barbaridades o intentando empapelarle a él la responsabilidad.
Por mucho dolor que cause este acidente, ha sido fruto de una imprudencia temeraria, y los imprudentes y los temerarios, en este caso, han sido las propias víctimas.

miércoles, 23 de junio de 2010

DISEÑO INTELIGENTE

Hay que reconocer que el nombre que han puesto a esta teoría tiene su gracia. Diseño Inteligente. Ha calado y casi todos hemos oído hablar de ello, aunque por supuesto no conozcamos en profundidad todas sus afirmaciones. Es un nuevo éxito del marketing americano, aplicado esta vez a la religión, para vestir con un traje de Ciencia, en mayúscula, a una teoría sin base científica ni pruebas que las sustenten. Pruebas de la evolución hay millones diseminadas por todos los rincones del Universo conocido, y las que aún nos quedan por descubrir, tanto en nuestro planeta como en el resto. Negar la evolución, a pesar de sus huecos y sus errores, es negar la evidencia, pero no voy a eso. 
Diseño Inteligente. Veamos en qué consiste: una inteligencia superior, hace unos pocos miles de años (creo que dicen que unos 7.000, no estoy seguro, ni viene al caso), se pone a pensar y decide crear un mundo. Bien. Todos, dentro de nuestras inteligencias más o menos mediocres hemos tenido alguna vez una vena creativa y nos hemos puesto manos a la obra. Pero aquí tenemos a nuestra inteligencia superior, devanándose los sesos cósmicos, y de repente se le ocurre crear un Universo infinito, poniendo soles, planetas, polvo cósmico y algunas cosas más, que al final, habría que reconocerlo, le quedaron bastante bien. Una vez creado todo eso, se aburre y los pone en movimiento, pero eso no es suficiente. Ver piedras dar vueltas y explotando le sigue resultando tedioso; a fin de cuentas, los fuegos artificiales nos gustan porque los vemos de vez en cuando, en las fiestas y así. Si los viéramos a diario terminaríamos por no prestarles atención. De repente se fija en un pequeño planeta azulado, perdido en un borde de una galaxia perdida, y decide hacer algo más. Se crea su propia casa de muñecas y la llena con todo tipo de bichos y plantas. Claro que en este punto, o estaba cansado, o era español, y le salió la vena chapucera, porque puestos a crear algo, crea algo que funcione, no un desastre de mundo como el nuestro. Un mundo en el que la supervivencia de decide por la muerte, en el que los más fuertes destrozan a los más débiles, en el que la naturaleza, las enfermedades, los propios humanos y todo en sí mismo tiende a la autodestrucción, sosteniéndose en un equilibrio imposible que se basa en la desigualdad y la opresión a todos los niveles. Asi ha sido la historia desde que el primer organismo apareció, o fue "inteligentemente" colocado en este mundo. Eso es lo que llaman "diseño inteligente", un mundo imperfecto, que se autodestruye y se autoregenera constantemente, hasta el momento en el que el equilibrio se rompa y se muestre la fecha de caducidad. Esa misma es la idea de la evolución. Si el diseño fuera realmente inteligente, el Universo sería un lugar perfecto, compuesto por mundos perfectos y habitados por seres perfectos, un lugar donde abundaran las cosas buenas y no hubiera maldad. Eso es lo que habría diseñado un inteligencia digna de tal nombre. Lo demás, chapuzas... o ganas de fastidiar.