Hace unos días, un tren arrolló y mató a 13 personas en un apeadero de la Costa Brava, el ya tristemente famoso apeadero de Castelldefells. Inmediatamente, al hilo de la noticia, los informativos desplegaron toda su infanteria para acercarnos el luctuoso suceso. Después de la infantería, a la mañana siguiente, llegó la caballería radiofónica y aparecieron los tertulianos, esos seres investidos de una razón pura más allá de toda duda razonable, infalibles en sus juicios y afirmaciones, ya hablen del tiempo o del misterio del triángulo de las Bermudas. Y claro, para muchos de ellos lo lógico es pensar que la culpa es del Gobierno, de la Generalitat, de Adif, de Renfe, del revisor del tren de cercanías o de la señora de la limpieza de la estación, y nunca, de unas personas que irresponsablemente y saltándose todas las normas de seguridad que dicta el más mínimo sentido común, se dispusieron a cruzar las vías, pensando que el tren que llegaba a lo lejos iba a parar en la estación. Es una nueva muestra de irresponsabilidad personal, cuyas consecuencias se quieren achacar a los poderes públicos. Otra muestra de que tomamos decisiones arriesgadas sin calcular precisamente eso, el riesgo que corremos y queremos que las consecuencias sean responsabilidad de otros. Hasta el Gobierno ha tenido que hablar de irresponsabilidad con un tono suave y como disculpándose y pidiendo perdón, para no ofender. No. Por mucho dolor que nos cause cualquier muerte, éstas han sido imputables única y exclusivamente a los propios afectados, que no han respetado las normas establecidas para evitar este tipo de incidentes. Y nada más. Si el paso subterráneo era estrecho, pues se espera uno y pierde 10 minutos en pasar. Mejor 10 minutos que la vida. Otros hablan que los guardias de seguridad comenzaron su turno de trabajo unos minutos más tade, y que si hubieran empeado antes se podría haber evitado. Volvemos a lo mismo: si no está presente una fuerza coactiva, no somos capaces de comportarnos y actuamos de manera irresponsable. En una emisora de la Cadena Ser, una locutora llegó a decir una frase alucinante, textualmente: "Al parecer, el maquinista del tren no tuvo los reflejos suficientes para detener el convoy". Cualquiera que tenga conocimientos de física a nivel de ESO o BUP o como sea, sabe que detener un tren Alaris, con una masa considerable, que circula a más de 100 kilómetros por hora es una misión complicada, que requiere de cientos de metros de frenada enérgica. Se supone que un periodista tiene una carrera universitaria...
Afortunadamente para el maquinista, el hombre cumplía con todas las normas y regulaciones impuestas y estaba haciendo impecablemente su trabajo. El trauma del accidente no se lo quitará nunca, pero al menos nadie podrá salir por ahí diciendo barbaridades o intentando empapelarle a él la responsabilidad.
Por mucho dolor que cause este acidente, ha sido fruto de una imprudencia temeraria, y los imprudentes y los temerarios, en este caso, han sido las propias víctimas.

