Sildavia es el famoso país imaginario de las historietas de Tintín, y es quizás, lo más parecido a nuestro país ahora mismo, en lo que se refiere a su condición de imaginario. Durante el año 2013, España ha sido el estado del mundo que ha creado más empleo imaginario, especialmente en la Comunidad de Madrid, donde, entre Juegos Olímpicos y Eurovegas, se crearon casi un millón de empleos virtuales. Empleos que nunca existieron, más que en la mente del Presidente de la Comunidad y la ínclita alcadesa, Ana Botella. Empleos a los que confiaban la recuperación económica de la comunidad y por extensión, de todas las comunidades limítrofes. Es decir, que sin Juegos ni Eurovegas, no hay plan B, así que vamos listos. Somos el hazmerreir del mundo, con un Gobierno que crea empleos imaginarios, construye aeropuertos sin aviones, estaciones de alta velocidad sin trenes, y que bate récords en casos de corrupción, en incumplimientos electorales, y en desdecir sus propias afirmaciones y tan sólo 14 días después de anunciar que no subirá la luz, la sube. Un país de chiste en el que el peso de la crisis se aguanta siempre en los mismo hombros, en los menos favorecidos, mientras los que manejan el cotarro tienen barra libre e incluso se permiten contestar con chulería a los jueces cuando les investigan. O donde los hijos de los expresidentes se permiten amenazar y reprochar la denegación de un favor por parte de alguien a quien su papá había colocado muy bien. Pero todo da igual, a fin de cuentas, por muy débil que se sea, los de abajo siempre podremos aguantar un palo más, así que siempre hay margen para bajar un poco más los salarios, y con eso se arreglan los desfalcos de los de arriba. O al menos esa es la filosofía de los gobiernos español y comunitario. ¿Dónde estará Sildavia? Yo me iba ya.
Vivimos en un mundo plano y al mismo tiempo lleno de aristas. Somos rehenes de la mediocridad y la uniformidad, y luchamos para vivir la ilusión de sentirnos diferentes. Tenemos una sociedad gris, en la que los poderes dominantes son esclavos de lo políticamente correcto y legislan pensando en el titular de mañana y en el beneficio personal de pasado mañana.
miércoles, 18 de diciembre de 2013
lunes, 16 de diciembre de 2013
Sin ley
Tenemos la falsa creencia de que nuestro orden social es, en buena medida, inalterable. Es decir, que más o menos, crisis o bonanzas aparte, la estructura social en la que vivimos (derechos y libertades) se mantendrá en el tiempo sin demasiados cambios, tan sólo los que de manera necesaria marque la evolución de la sociedad. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así. En el mundo actual, en pleno siglo XXI, hay muchos ejemplos de lo que pueden cambiar las cosas en poco tiempo y de manera inesperada. Estados consolidados que en un momento dado se convierten en estados sin ley. Un ejemplo claro es el Líbano, cuya capital, Beirut, fue en los años 50 y 60 la capital económica e intelectual del mundo árabe, hasta el punto de ser comparada con Suiza, y hoy es escenario de guerras civiles casi continuas. O Siria, en la que en cada rincón del país impera una "legalidad" sin ley impuesta por quienes dominan en esa zona. O Sierra Leona, donde la lucha por el control de los diamantes es la única ley, y las matanzas de civiles y la corrupción y el tráfico de personas son moneda corriente. Y así muchos más. En Europa pensamos que esas cosas ocurren fuera de nuestras fronteras, que son cosas del Tercer Mundo, y nos equivocamos. En pleno corazón de la zona geográfica europea, entre Moldavia y Ucrania, países ambos que intentan su ingreso en la Unión Europea, se encuentra una pequeña república, Transdniéster, que es un territorio independiente, resultado de una rebelión militar y con un gobierno totalitario en el que no se reconocen los derechos humanos ni sociales más básicos y en el que la inseguridad jurídica hace que sea casi imposible entrar o salir del país. Un estado en el que la corrupción, la tortura y las desapariciones de los no adeptos al régimen son moneda corriente. Un estado sin ley.
viernes, 6 de diciembre de 2013
Falso optimismo
Los datos del paro registrado en el INEM han heho que el Gobierno saque pecho y diga que todo va bien y que en España ya se está creando empleo. Ocultan que en este mismo periodo han dejado de cotizar a la Seguridad Social casi 67.000 personas. Es decir, que hay 67.000 personas menos con contratos de trabajo que ya no contribuyen a la caja de la Seguridad Social. Hay 67.000 trabajadores que han dejado de trabajar con respecto al mes anterior. No es fácil de entender, y ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo en por qué se producen estas diferencias en los datos. Algunos sostienen que el paro registrado baja porque a muchos trabajadores se les han agotado las prestaciones, y al no haber prestaciones no merece la pena estar inscrito en los registros del INEM, vista la incapacidad que tienen para mover el mercado de trabajo y recolocar trabajadores en paro (no olvidemos que ese es el objetivo principal del INEM). Pero eso queda a la interpretación de cada uno. Si miramos al exterior encontramos una visión más objetiva. Según varias auditorías y organismos económicos internacionales, entre ellos Price&Waterhouse, en España no se recuperarán los niveles de empleo anteriores a la crisis hasta el año 2033. Es decir, hasta dentro de 20 años. Esto significa que muchos de los parados que ahora tienen 45 ó 47 años nunca más volverán a trabajar, y llegarán a la jubilación sin haber cotizado lo suficiente para tener una pensión digna. O para tener una pensión. Y muchos de los jóvenes que ahora están estudiando y terminando sus carreras, y que intentan acceder al mercado de trabajo, no lo conseguirán hasta que tengan 45 años o más, con lo que tampoco habrán cotizado lo suficiente en elmomento de su jubilación para tener una pensión. Todo esto, teniendo en cuenta que durante los próximos 20 años no se produzca una nueva crisis económica y haya un nuevo retroceso que alargue aún más los plazos. Y en España nunca ha habido un periodo tan largo de prosperidad económica continuada.
Consignas
Se acercan las elecciones, están a dos años vista, a la vuelta de la esquina, como quien dice, y el aparato político ya está en precampaña electoral. En la oposición están en fase de cuchillos largos, intentado conseguir un buen puesto de salida para seguir medrando. Y desde el Gobierno han empezado con el lavado de imagen del desastre y los incumplimientos que han marcado su trayectoria hasta ahora, y han puesto a trabajar a sus asesores para dar la vuelta al pesimismo general ante lo negro de la situación que vivimos. La estrategia del PP es genial, y su equipo de comunicación debe ser de los mejores del mundo. A base de repetir todos los miembros del partido los mismos mensajes simples y directos en cualquier ocasión, consiguen que esos mensajes, jaleados por sus medios afines, acaben calando en la opinión pública y muchos acaben olvidando todas las calamidades que están sufriendo en estos años y vuelvan a votarles. No importa la pregunta que les hagan, siempre contestan según la coletilla al uso enviada desde los despachos de comunicación del partido. Hay que recordar que algunas de las frases más memorables, para bien o para mal, de nuestra democracia, tienen origen en los asesores de comunicación del PP: "Váyase, señor González" (Aznar), "Unos hilillos de plastilina" (Rajoy en el desastre del Prestige), "Un bichito que si se cae de la mesa se mata" (Sancho Rof, durante la intoxicación por aceite de colza; es cierto que en esa época era ministro de UCD, pero luego ingresó en AP, germen del PP), "Quién es usted para decirme lo que puedo o no puedo beber cuando voy a conducir" (Aznar de nuevo, al presentar el gobierno de Zapatero la nueva Ley de Tráfico), "Estamos trabajando en ello" (Aznar con los pies encima de la mesa junto a Bush Jr.), "Gracias a la Virgen del Rocío por echarnos una mano para combatir el paro" (Báñez) y muchas otras, sin olvidar las salidas de tiesto de Arias Cañete, Wert y demás. Mientras tanto, nosotros seguimos sin ver un líder o un partido capaz de cambiar esta situación y que de verdad ponga por delante de sus intereses los intereses de los ciudadanos.
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