Después de unos días desconectado, esta vez por obligación, no se han terminado las falacias y los atropellos por parte de las instituciones. En la Comunidad de Madrid se va a subvencionar a los ayuntamientos que soliciten trabajadores en paro, que estén cobrando la prestación de desempleo, para realizar trabajos sociales en jornadas de hasta 8 horas diarias, y si los rechazan, perderán la prestación. Esto, que en principio parece positivo, no lo es en absoluto por varios motivos. Primero, en todos los ayuntamientos se están despidiendo trabajadores, no cubriendo plazas y no realizando sustituciones. Si estos puestos se cubren con parados, se estamos ante una estafa al sistema, ya que estos parados realizarán gratis trabajaos que deberían ser remunerados. Segundo, si un ayuntamiento necesita trabajadores y los solicita a las oficinas del INEM, lo lógico sería que se les hiciera el correspondiente contrato de trabajo, y no que estos trabajadores sigan cobrando el subsidio o las prestaciones por desempleo a cargo de la Seguridad Social, es decir, de todos nosotros. Tercero, esto es un ensayo para maquillar las cifras del paro, ya que mientras estén prestando trabajos sociales, estos parados no contarán como desempleados. Esto ya lo inventó la Thatcher hace años: si las cifras de parados no cuadran con mis previsiones, cambio la forma de contar y recuento de otra manera, hasta que coincidan y no parezcan tantos.
Vivimos en un mundo plano y al mismo tiempo lleno de aristas. Somos rehenes de la mediocridad y la uniformidad, y luchamos para vivir la ilusión de sentirnos diferentes. Tenemos una sociedad gris, en la que los poderes dominantes son esclavos de lo políticamente correcto y legislan pensando en el titular de mañana y en el beneficio personal de pasado mañana.
viernes, 31 de mayo de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
Oscurantismo
Me sorprendo a menudo últimamente por la cantidad de agresiones que sufrimos por parte de los poderes que pretenden gobernarnos, y me sorprende aún más la capacidad que tenemos para soportarlas como si fueran lo más normal del mundo. Parecemos niños jugando al escondite, que cuando se ven acorralados cierran los ojos y así piensan que como ellos no ven , nadie les ve, no pasa nada. Que la educación en este país es un desastre no es algo nuevo, llevamos años padeciendo gobiernos inútiles que han intentado colar de manera más o menos sutil su ideología en la educación. Hasta ahora. La desfachatez de este gobierno, acompañada de su mayoría absoluta, ha conseguido algo que ni en sus sueños más húmedos la Conferencia Episcopal habría imaginado. Considerar la asignatura de religión al nivel académico de las matemáticas, la lengua o la física es una aberración medieval, encaminada a contentar a la caterva de obispos que tanto les han apoyado en las manifestaciones cuando eran oposición, y a crear una generación de alumnos infracualificados y en clara desventaja con los alumnos de los países de nuestro entorno natural. Que en el bachillerato (o como se llame ahora) tenga el mismo peso en el expediente académico saber el padrenuestro que resolver integrales es de locos. Ni en Italia, donde está el Vaticano, se han atrevido a tanto. Y encima, los dirigentes de la Iglesia, crecidos, reclaman que el trasfondo religioso se conserve en todas las asignaturas. Vamos, que dentro de poco veremos a nuestros hijos estudiando las ciencias naturales y la historia desde el punto de vista creacionista y a algún furibundo nostálgico diciendo que el Sol gira alrededor de la Tierra y que ésta es el centro del Universo. Eppur si muove.
domingo, 19 de mayo de 2013
Retos
Hay una serie de valores que nos inculcaban cuando éramos niños, como la disciplina, la perseverancia o la capacidad de superación, que en aquella época no comprendíamos muy bien y a los que no prestábamos atención. Cuando eres niño, lo único que quieres es jugar y divertirte, y todo lo que no se consiga de manera fácil y proporcione placer inmediato, aburre y no merece la pena. Mucha gente, al crecer, sigue comportándose de esa manera, y menosprecia el esfuerzo y el valor que tienen las cosas conseguidas a través de él. Quieren que todo venga fácil y viven con la idea de que la vida les debe regalar todo lo que desean sin más, como un sorteo de lotería en el que quisieran ganar sin comprar papeletas. Este tipo de personas se pierden algo muy gratificante y que te da una energía imprescindible para seguir adelante: experimentar la satisfacción que proporciona plantearse un reto, llevarlo a cabo a pesar de todo, y culminarlo con éxito. El subidón de energía que proporcionan los logros así conseguidos es la mejor droga para seguir adelante con más fuerza y con mayores garantías de éxito. Alcanzar los objetivos de esta manera puede llegar a convertirse en un hábito, y pasar así a formar parte de nuestra forma de ser.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Vendas
Tenemos una tendencia innata a descartar aquello que no nos gusta o que no está conforme a lo que nosotros queremos o deseamos ver. En estas situaciones, a menudo nos cae una venda en los ojos y nos somos capaces de percibir los signos que nos indican que estamos equivocados. Queremos que la realidad se acomode a nuestras creencias o deseos, y aunque sabemos que eso no es posible, no perdemos la esperanza de que ocurra. A nivel personal, es una situación que nos puede llevar al desengaño o a la frustación, al ver que nuestras metas siempre se quedan lejos de nuestros logros. A nivel laboral, nos lleva a tener una percepción irreal de nuestras capacidades y a sobrevalorar o infravalorar nuestra aptitud, abocándonos a trabajos poco satisfactorios. Y si quien se pone la venda es un presidente de Gobierno que dice estar muy satisfecho con el resultado de su reforma laboral, proclamando su bondad y beneficios, a pesar de que ésta ha generado un millón doscientosmil parados en poco más de un año y ha precarizado los contratos de millones de trabajadores, esa venda en los ojos nos conduce directos al abismo.
lunes, 13 de mayo de 2013
Fuera de cobertura
Es una experiencia interesante, y que recomiendo a todo el mundo: estar un día (sólo un día), con el teléfono móvil apagado. Yo lo hice ayer. Me olvidé del móvil y me dediqué a disfrutar del día sin más, aprovechando el tiempo libre y compartiéndolo con quien quiso estar a mi lado en un lugar fuera de cobertura. El tiempo pasó agradablemente despacio y lo pude disfrutar sin prisas. Al volver "a la civilización", había más de cincuenta mensajes esperando a ser leídos y varias llamadas perdidas esperando a ser respondidas. Nada más. No se había acabado el mundo, ni ocurrió nada que no pudiera esperar unas horas para ser atendido. A veces deberíamos pararnos a pensar en el uso que hacemos de la tecnología y hasta que punto nos dejamos esclavizar por ella. No hace tantos años, salir de vacaciones suponía dejar de recibir llamadas y hacer un paréntesis en la vida; ahora no podemos estar un minuto sin conectarnos. Entre los dos extremos debe de haber un término medio, pero en algún momento nos hemos perdido y ese término medio se nos ha extraviado.
jueves, 9 de mayo de 2013
Actos
A lo largo de nuestra vida tomamos innumerables decisiones, más o menos acertadas, que nos conducen a situaciones diferentes y nos hacen recorrer distintas etapas hasta llegar al momento presente que vivimos. Cada una de esas decisiones es crucial para que estemos en el aquí y el ahora en el que nos desenvolvemos, y eso conlleva que cada decisión que adoptamos, por nimia que sea, sea tremendamente importante a la hora de determinar qué es lo que ocurrirá en nuestro futuro. Es necesario, imprescindible, decidir de una manera coherente con nuestros principios y tomar la decisión adecuada con los datos de que disponemos en el momento de tomarla. Éste último matiz es tremendamente importante: con los elementos que tenemos en el momento de tomarla. En el futuro, se puede demostrar que esa decisión era equivocada, pero si en el instante en el que tuvimos que decidir, aparecía como correcta, ésa era la decisíón correcta. Y hay que tener presente que una sola decisión que hubiéramos tomado en otra dirección habría cambiado nuestra vida, y nuestro aquí-ahora sería completamente diferente.
lunes, 6 de mayo de 2013
Falacias 3
Una de mis falacias favoritas, por lo absurdo del planteamiento: resulta que según un ministro, creo que Fernández Díaz, el matrimonio homosexual implicaría la extinción de la especie, y por eso habría que prohibirlo. Razonamiento no carente de cierta lógica, pues evidentemente dos personas del mismo sexo no pueden procrear por medios naturales. La falacia está en que sí pueden hacerlo por medios asistidos, que funcionan independientemente de la orientación sexual de la pareja, bien como madres naturales, si la pareja es femenina, como a través de madres de alquiler, legales en otros países de nuestro entorno, si la pareja es masculina. Es decir, nos quieren adoctrinar con verdades a medias. Y lo más gracioso, por decir algo, es que quien mantenga esta postura sea precisamente la Iglesia, que propugna la abstiencia como método anticonceptivo y para evitar la superpoblación y las enfermedades de transmisión sexual. Por no hablar del voto de castidad de religiosos y religiosas. Si a todos los habitantes del planeta nos diera por meternos a servir a su Dios y respetáramos su voto de castidad y su abstinencia, en poco más de 100 años no quedaría ni un ser humano sobre la faz de la Tierra. Por lo tanto, deberíamos prohibir esas conductas. Sí, lo se, es un razonamiento absurdo. Igual que el del ministro. Pero él tiene la obligación de gobernar para todos los ciudadanos.
jueves, 2 de mayo de 2013
Sedas
La única diferencia que hay entre una tela de araña y un capullo de seda es la organización, la disposición de los hilos que componen ambas estructuras. A todos nos gustaría tejer nuestra vida como una telaraña: armónica, elegante, equilibrada, con la cantidad justa de nudos e hilos, de huecos y soportes, y movernos en todas direcciones con la misma facilidad que lo hace una araña, casi levitando sobre ese suelo delicado pero tremendamente fuerte, liviano pero ultra resistente. Sin embargo, casi nunca somos capaces de conseguirlo. En cuanto que empezamos a tejer el hilo, lo perdemos y actuamos como un gusano de seda, nos enredamos con nuestros propios hilos, y a veces con los hilos que los demás van dejando en nuestro camino, hasta que en lugar de tener una superficie sobre la que desarrollarnos, acabamos encerrados en nuestro propio capullo de sedas absurdas, caóticas y sin sentido. En lugar de levitar perdemos el tiempo en embarrarnos en conflictos improductivos y después de que el capullo se endurezca y se convierta en coraza, tendremos suerte si al final salimos transformados en mariposas y no nos escaldan para aprovechar la seda. Siempre he preferido ser una araña, pero es increíble la cantidad de gente que hay empeñada en que te comportes como un gusano. Nadie lo ha conseguido hasta ahora y nadie lo va a conseguir nunca.
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