Una vertiente novedosa de lo sucedido después del crimen de León fue la repercusión del mismo en las redes sociales, con posicionamientos de todo tipo, incluidos los de mal gusto y de escasa sensibilidad. Como consecuencia de esas reacciones o expresiones, se han producido al menos dos detenciones de ciudadanos de a pie que emitieron opiniones contrarias al buen gusto y consideradas poco políticamente correctas. Que se le exija esa corrección a los personajes y cargos públicos que nos representan es lógico, pues su función es esa, representar a sus votantes, y deben dar por supuesto que la gran mayoría de esos votantes son personas normales a quienes no gusta lo que ha sucedido. Es por eso por lo que la dimisión de las dos concejalas en Galicia fue un acto de justicia, no de responsabilidad. Ahora bien, pretender que cualquier ciudadano se adhiera al pensamiento único y repudie un acto que, por el motivo que sea, no le parece mal, es una estupidez, y las instrucciones del Ministerio de Interior para que los jueces actúen de oficio contra ellos, es otra estupidez. La gente es libre de pensar y de decir lo que le de la gana a nivel individual, pues cada persona se representa a sí misma, y si alguien quiere aparecer a los ojos de todo el mundo como un gilipollas, es su derecho. De momento, ser gilipollas o bruto o insensible o animal de bellota no es delito. Y puestos a perseguir declaraciones en las redes sociales, podían empezar por perseguir las que vierten muchos periodistas y políticos de la derecha, como los alcaldes de Valladolid o Badalona, que conforman un manual muy completo de insultos, amenazas, menosprecio, racismo, machismo y apología de la violencia. Y todo eso sí que son delitos.
Vivimos en un mundo plano y al mismo tiempo lleno de aristas. Somos rehenes de la mediocridad y la uniformidad, y luchamos para vivir la ilusión de sentirnos diferentes. Tenemos una sociedad gris, en la que los poderes dominantes son esclavos de lo políticamente correcto y legislan pensando en el titular de mañana y en el beneficio personal de pasado mañana.
miércoles, 28 de mayo de 2014
miércoles, 21 de mayo de 2014
Asesinatos 1
La semana pasada se produjo el crimen de la presidenta de la Diputación de León, y como siempre en este país, y debido al momento en el que se produjo, en plena campaña electoral, las cosas se salieron del tiesto rápidamente. La sombra del atentado terrorista, las acusaciones al clima de crispación social que vivimos (¿Dónde está la crispación? Si estamos todos callados como muertos....) y el oportunismo político saltaron inmediatamente a los medios interesados en hacer ruido y en conseguir que las cosas se queden como están. Al mismo tiempo, salieron los de la justicia poética a poner excusas a lo sucedido con frases del tipo "quien siembra vientos recoge tempestades", que costaron la dimisión a dos concejalas en Galicia, por torpeza manifiesta. Partiendo de la base de que ningún crimen está justificado, tampoco hay que rasgarse las vestiduras, como si un brote violento fuera una excepción inesperada, pues crímenes se producen a diario: mujeres a manos de sus parejas o exparejas, hijos a manos de sus progenitores (ellos y ellas), niños que mueren de hambre, torturas en las comisarias y dependencias judiciales por parte de aquellos que deben defender la ley, lapidaciones de mujeres por los motivos más estúpidos, ejecuciones, guerras, y todas las formas de asesinato que queramos añadir, que son muchas. El asesinato de un semejante ha acompañado a la humanidad desde sus inicios, antes incluso de que las civilizaciones desarrollaran el sentido de la convivencia. Y después de tantos siglos de civilización, aún no hemos conseguido eliminarlo de nuestros códigos de conducta. En el caso de León, no hay más que eso: unas personas que no supieron gestionar su frustración, rencor, envidia o lo que fuera hacia otra persona y que la única respuesta que encontraron fue matar a quien ellas creían causante de sus miserias. Tan simple como eso. Los bajos instintos de la humanidad en estado puro.
lunes, 19 de mayo de 2014
Economías
En el mundo hay dos tipos de economías, de modelos económicos, para entendernos. Por un lado están las economías financieras y por el otro las economías productivas. Ejemplo de países que viven de la economía financiera podrían ser Suiza o Luxemburgo, por ejemplo. Sin embargo, la mayoría de los países necesitan de la economía productiva, la que fabrica cosas para que sean consumidas, no importa si son bienes o servicios. Es la economía que comprendemos y con la que estamos familiarizados. El problema actual de la economía productiva es que cada vez se necesita menos mano de obra para producir más producto, por lo que las estructuras actuales de empresas y producción no son, ni lo serán en el futuro, suficientes para absorber toda la mano de obra disponible. Para que estas estructuras cambien, el dinero, el capital, debería abandonar la economía financiera y "ponerse a trabajar" en la economía productiva, pero la tendencia es la contraria. Los poseedores del capital reciben mayores beneficios de sus inversiones en economía financiera, con menores costes y menores esfuerzos. No necesitan grandes inversiones en estructuras, ni en equipamientos, ni en recursos humanos, y la rentabilidad de los mercados de capitales es infinitamente superior, y mucho más inmediata, que la rentabilidad de un inversión productiva, pues se puede ganar dinero incluso cuando la economía "real" va mal. Por eso la cantinela de que el paro va a bajar es eso, una cantinela, una fábula, un mantra electoral para evitar el batacazo en la próximas elecciones europeas. El descenso del número de desempleados vendrá de la mano de trabajos precarios, infrapagados y en condiciones de "lo tomas o lo dejas, que tengo cola en la puerta para quedarse con el puesto", y casi todo en el sector servicios y de la mano del turismo. Trabajos que no permitirán a los jóvenes planificar un modo de vida a largo plazo, y que no permitirán a los actuales parados de más de 45 ó 50 años tener ni siquiera la garantía de que podrán acceder a una pensión en el momento en el que se jubilen.
miércoles, 14 de mayo de 2014
A-forrafos
De todos son conocidas las prebendas que disfrutan los políticos, algunas legales, otras legales pero poco éticas y otras ni siquiera legales, como se ha visto en estos últimos años. Pues además de todas esas ventajas que supone el ser político, por muy inútil que sea el sujeto o sujeta y por mucho que arruine a la administración que debe gestionar, hay una más, que el resto de los ciudadanos no tenemos, y es el aforamiento ante la acción de la justicia. Cualquier miembro de un gobierno o parlamento, nacional o autonómico, además de numerosos altos cargos y jueces, tiene la condición de aforado, lo que supone que no puede ser juzgado por los tribunales que juzgan a todos los ciudadanos, y sólo pueden ser imputados y juzgados por los tribunales superiores nacionales o autonómicos, previo suplicatorio al órgano correspondiente (parlamento y demás). Mientras que en el resto de los países europeos el aforamiento se circunscribe al presidente del gobierno y los ministros, en España hay alrededor de diez mil aforados, una cantidad totalmente desproporcionada. Además, esto permite a estas personas alargar los procesos con triquiñuelas (legales, eso sí) hasta hacerlos eternos y a veces conseguir que prescriban. Como es lógico, los políticos son los menos interesados en cambiar la situación. De hecho, el ministro Gallardón va a cambiar la ley para aumentar el número de aforados. La lectura es sencilla: los tribunales superiores son órganos controlados por el poder político, que nombra directamente a los magistrados del Tribunal Supremo, al igual que ocurre con los tribunales correspondientes de las comunidades autónomas. Y si te juzga quien te debe el cargo, tienes más posibilidades de salir impune. No somos iguales ante la ley, nunca lo hemos sido.
viernes, 9 de mayo de 2014
IN-justicia
Entre ayer y hoy han salido varias informaciones en la prensa acerca de diferentes personas condenadas a penas que parecen desproporcionadas en relación al delito cometido y que están a la espera de indulto. Una de las condenas más llamativas es la de tres años de prisión a unas monitoras de un centro deportivo municipal de algún lugar de Pontevedra, por tirar pintura en una piscina durante una huelga. El coste de los daños, según el juez, ascendió a 1.000 euros. Otra es la de dos años y tres meses al dueño de un bar en Andalucía, por ruido excesivo en su local. Si no les indultan, tendrán que ingresar en prisión. Resulta chocante que por tirar pintura a una piscina te caiga una pena de tres años, mientras conducir borracho y matar a una persona, como hizo el torero Ortega Cano, sólo supone una condena de dos años y medio. O cómo Jaume Matas, condenado a seis años de cárcel por corrupción, sigue en la calle pendiente de que sus amigos del gobierno le concedan el indulto, a pesar de acumular al menos dos condenas en firme. O Carlos Fabra, con cuatro condenas de prisión por un fraude fiscal de 700.000 euros, que sigue mangoneando a su antojo por Castellón. Es decir, que ser político o famoso supone una ventaja a la hora de sentarse en el banquillo. Luego se extrañan de que no confiemos en la Justicia. Ni siquiera se merece ese nombre.
domingo, 4 de mayo de 2014
Asuntos de sotanas
Llevamos años asistiendo a múltiples escándalos de índole sexual en los que están implicados sacerdotes de la Iglesia Católica, principalmente relacionados con los abusos a menores. Está claro que no se puede demonizar a la Iglesia como institución, puesto que los errores los cometen personas individuales, con sus defectos y sus enfermedades mentales, como cualquier otra persona de este mundo. Pero sí que sorprende, por lo menos a mí, la incapacidad que ha tenido la Iglesia para controlar y castigar de manera ejemplar, sin medias tintas, estos comportamientos que, además de delictivos, atentan contra la dignidad de unas personas, menores de edad y por tanto indefensos, que pueden padecer esas secuelas durante el resto de su vida. La Iglesia debería haber sido totalmente intolerante con estos comportamientos y con quienes los manifiestan, pero no lo ha sido. La solución de trasladar de parroquia al delincuente no solucionaba nada, sólo movía el problema de sitio. El arrepentimiento y el propósito de enmienda seguro que están muy bien, pero eso sólo duraba hasta que al "arrepentido" se le ponía por delante otro "menor provocador" que merecía ser sometido. Sin entrar a valorar las manifestaciones totalmente estúpidas que hizo un alto representante de la Iglesia en su momento, no recuerdo quién era, señalando la homosexualidad como causa inevitable de la pederastia, sí que es probable que la pederastia esté más bien relacionada, además de con algún tipo de enfermedad metal o vicio depravado, con el celibato obligatorio. Realmente no se sabe cuándo empezó a ser obligatorio el celibato en la Iglesia Católica, y por lo que he podido informarme, tampoco está muy claro el por qué. El caso es que se les exige un celibato obligatorio que, en un porcentaje apreciable, ningún sacerdote respeta, con el agravante de tener que llevar una vida sexual oculta y con riesgo de ser descubierto. Esto seguramente provoca que los más débiles y mentalmente más enfermos, elijan a menores como sus víctimas propiciatorias, ya que les resulta más fácil manipularlos y amedrentarlos para evitar problemas. Ahora parece que el nuevo Papa está tomando cartas en el asunto y quiere poner solución a este problema de una vez por todas. Esperemos que lo consiga, se ganará el respeto de muchos que no somos creyentes.
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