miércoles, 27 de febrero de 2013

La Navaja

En el siglo XIV, un monje franciscano y filósofo inglés, Guillermo de Ockham, establecía como método de trabajo la búsqueda de la sencillez. El defendía que para cualquier teoría propuesta, en igualdad de condiciones la explicación más sencilla era la que más probabilidades tenía de ser la correcta. Esto, evidentemente, no siempre es así, pero sí que nos puede servir como pauta de comportamiento en nuestra vida diaria. Tenemos tendencia a enredar las situaciones, a hacer todo siempre de la manera más complicada posible, a preocuparnos por cosas que no podemos controlar y dejar de lado a aquellas que sí dependen de nosotros, lo que nos puede llegar a crear una sensación de frustración al ver que no conseguimos los resultados que esperamos. No somos capaces de emplear la navaja y quitar las capas superficiales que nos estorban y nos impiden ver el interior, ni de atender sólo a lo fundamental, a lo que realmente importa. Nos enredamos en peleas con molinos pensando que son gigantes, cuando bastaría con rodearlos y olvidarnos de ellos para seguir adelante nuestro camino.

domingo, 24 de febrero de 2013

Piedras

Hacer lo correcto en las diferentes facetas de nuestra vida diaria es algo a lo que todos aspiramos. Nos parece una manera normal de actuar, que sin embargo, en algunas ocasiones nos cuesta mucho llevar a cabo. Cuando nos enfrentamos a una situación concreta, a veces nuestra cabeza o nuestras emociones nos llevan por un camino opuesto al que sabemos que debemos tomar, y no somos capaces de resistirnos. O somos capaces pero por algún motivo no lo hacemos. Es por eso por lo que constantemente nos vemos implicados en situaciones no deseadas en las que nos hemos metido nosotros solos de cabeza y de las que en más de una ocasión salimos escaldados y jurándonos que nunca más vamos a volver a dejarnos llevar y que en la próxima oportunidad vamos a hacer lo que sabemos que tenemos que hacer. Intenciones que se nos pasan justo en el momento en el que nos enfrentamos a otra de estas situaciones y volvemos a cometer los mismos errores. Con las mismas piedras.

viernes, 22 de febrero de 2013

Gatos

Tenemos sólo una vida por vivir, eso es biológicamente indiscutible, pero si nos olvidamos de la biología y nos paramos a pensar en nuestra línea vital, en nuestra evolución como personas, en realidad somos como los gatos, ya que a lo largo del tiempo vivimos varias vidas diferentes. El final de cada una de estas vidas puede venir marcado por factores del desarrollo (la niñez, la adolescencia y juventud, la madurez, la vejez...), pero también puede venir determinado por factores emocionales, por sucesos que nos afectan y nos  hacen replantearnos nuestra existencia o nuestra manera de ver las cosas, y que nos hacen cambiar profundamente la percepción de lo que nos sucede, nuestra forma de enfrentarnos a los retos de cada día e incluso nuestras creencias o convicciones. Cada vez que algo se rompre dentro de nosotros, sea por el motivo que sea (un accidente, una enfermedad, una ruptura sentimental, la pérdida del empleo, la pérdida o la ausencia de los seres queridos...), y luchamos por repararlo,  empezamos una nueva vida. Cada vez que nos caemos y nos levantamos empezamos una nueva vida. No estaría mal revisar la nuestra y ver cuántas vidas hemos vivido hasta ahora. Y mentalizarnos de que todavía nos quedan otras por vivir. Igual que gatos.

jueves, 21 de febrero de 2013

Ejemplos

A veces, da vergüenza ver cómo quienes nos gobiernan se comportan como si fueran niños en el patio de un colegio. Y por quienes nos gobiernan me refiero al conjunto de las fuerzas políticas: gobierno, oposición, entidades locales, diputaciones y demás. Señores y señoras que se supone que han llegado ahí por su capacidad personal y sus conocimientos de la situación y funcionamiento de la sociedad, son incapaces de mostrar ni un poco de responsabilidad. Mienten, ocultan, roban, se insultan y al final, ponen cara de buenos, dicen algunas frases incomprensibles construídas a base de eufemismos y sinónimos traídos por los pelos, por supuesto vacías totalmente de significado, y se van a su casa pensando que han cumplido con su deber. Nadie es nunca responsable de nada, los errores son siempre de los demás y los aciertos son siempre propios. Nadie es capaz de reconocer que no ha cumplido con su obligación, que ha defraudado a los ciudadanos que le han votado o no, a todos. Es más fácil echarle la culpa a los demás y seguir pensando que están por encima del bien y del mal. Y a veces, hasta se creen por encima de la ley. Ese es el ejemplo que nos dan. Porque al final lo más importante es conservar el cargo. Se vive muy bien.

lunes, 18 de febrero de 2013

Costes

Hay un concepto, en principio económico pero aplicable a todas las facetas de nuestra vida, que a veces no sabemos manejar, o incluso desconocemos. Es el coste de oportunidad. Se define como el valor de lo que descartas al elegir entre varias opciones. Siempre que realizamos una elección, estamos dejando de lado otras cosas, y eso nos supone un coste real, no necesariamente monetario, pues puede ser emocional, físico o de cualquier otro tipo. Una manera de avanzar en el proceso de elección es valorar lo que nos aporta cada una de las opciones que se nos presentan, y ver lo que ganamos o perdemos con cada una de ellas, para saber cuál de todas es la que va a proporcionarnos un mayor beneficio en relación con el coste que nos suponga. Teoría económica pura, aplicable a las pequeñas decisiones que tenemos que tomar cada día, con nuestros amigos, parejas, trabajos, salud e incluso la compra diaria. Si nos acostumbramos a valorar nuestras decisiones en función de los costes y beneficios, seguramente conseguiremos hacer mejores elecciones, pues lo que consigamos siempre tendrá para nosotros más valor que lo que descartamos.

viernes, 15 de febrero de 2013

(Caracoles)


El frío de la habitación aplastaba la ropa de cama como una losa. Debajo de esa cubierta protectora, el calor y el peso de las mantas y la funda nórdica le invitaban a no moverse, a quedarse en la cama y dejar pasar el tiempo. Se había despertado con una sensación extraña y aún no sabía qué era ni por qué se sentía así. Era algo que tenía pegado al alma, al corazón, a la cabeza. Algo que no conseguía concretar pero no podía dejar de sentir. Se estremecía con un roce suave y lejano, como si miles de caracoles se pasearan por su cuerpo tejiendo una maraña de rastros invisibles. Pequeños bultitos moviéndose por debajo de las sábanas con parsimonia, a conciencia, para no dejar ni un solo centímetro de piel sin cubrir.  Los fue quitando uno a uno, con cuidado, casi con mimo, para no dañarlos, hasta que pronto ya no quedó ninguno. Lo que no pudo quitarse de encima fue la baba de tristeza que le quedó adherida, incómoda como un pijama que queda pequeño y aprieta y molesta en las costuras. Pero no le quedaba pequeña ni grande, era una tristeza a medida. Una tristeza que tenía vida propia, que se caía de sus ojos y se agarraba a su corazón y luego hacía el camino inverso.  Una tristeza pegajosa y suave, leve y delicada, que ese día no era capaz de sacarse de encima.

jueves, 14 de febrero de 2013

Carretera

Me gusta viajar en coche. Sentir pasar la carretera bajo las ruedas y los paisajes deslizándose delante de los ojos, casi en una analogía del cambio de la vida. Abandonar el barullo y los atascos de la ciudad, y atravesar montañas y bosques, con los últimos restos de la nevada reciente, adivinando el aire cortante del exterior sin sentirlo. Atravesar las llanuras de Castilla, de tierras planas y heladas, casi muertas, pero que guardan en su interior el germen de la vida que verdeará de trigo, cebada o centeno los campos en poco tiempo. Escuchar el zumbido de las genistas en las medianas y cunetas al paso del coche, y verlas encogidas, agarrotadas y quemadas por el frío del invierno, esperando el momento de explotar en amarillo y llenar de color los ojos de los viajeros. Tierras casi moradas de frío, en las que las sombras de los halcones se confunden con las de las cigüeñas, mientras todos buscan el sustento  para su prole. Y así, encerrado en esa burbuja, en la que el tiempo se mide por el lento discurrir de los rayos de sol jugando entre las pequeñas nubes blancas, en la que la música del reproductor marca el ritmo del movimiento, ver el despliegue de la naturaleza que nos ignora, ajena a nosotros, apenas unos puntos locos perdidos en el asfalto.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Desconectado


Siempre viene bien desconectar de las rutinas y escapar unos días a otro lugar, aunque las rutinas sean las que cada uno nos imponemos o nos marcamos. Es como poner la vida en pausa, y así parece que nada es como realmente es o como lo recordamos. Reencontrar viejos amigos, amigos de siempre, reencontrar las sensaciones de antaño es una especie de vacuna para el alma, una vacuna contra la realidad que nos aplasta, una cura de energía que nos recarga para seguir afrontando la vida de cada día.  Pasear por lugares conocidos o no, sin la premura del tiempo medido, sin hora, sin rumbo, observar a la gente moviéndose por la calle en un caos ordenado, observar las caras, los gestos y las miradas es ver la vida en directo, sin pantallas ni teclados. Desconectar de uno mismo y verse como uno más de esa masa distante, siempre cambiante y siempre en movimiento, perderse en el anonimato y sentir la soledad de no estar solo. Luego, recoger las sensaciones, guardarlas, y volver a  lo cotidiano.

sábado, 9 de febrero de 2013

Ramas




Hay personas que cuando las conocemos se nos muestran como una primavera, como un almendro o un naranjo en floración, plenas de belleza, exuberantes y repletas de flores que nos atraen y nos embriagan, y es fácil caer en sus encantos. Luego llega el estío, las flores dan sus frutos y desaparecen, el árbol pausa su ritmo, se empieza a preparar para el otoño. Pronto pierde las hojas y muestra su verdadera esencia, las ramas desnudas, encogidas por el frío, más negras, con menos vida aparente, pero con un torrente imparable e invisible de vida en su interior. Y es aquí donde reside la auténtica belleza del árbol. En esos momentos en los que está sumido en su propia metamorfosis, preparándose para una nueva primavera. En esas ramas que ahora parecen secas y yermas es donde en realidad se esconde el encanto natural del árbol, su potencial de vida. Esas ramas son las que ocultan en sus laberintos de canales el esplendor que llegará en pocos meses. Es fácil enamorarse de las flores, pero las flores son efímeras. Sin embargo, quien realmente se enamora del árbol, se queda con la complejidad de las ramas desnudas, y entiende la belleza de sus troncos retorcidos. Las ramas son las que traerán las flores, las que sostienen la belleza. Nunca al revés.

viernes, 8 de febrero de 2013

Regata

Sabemos que no debemos refugiarnos en el pasado y aún así, a veces nos dejamos llevar por los recuerdos, buscando en ellos algo que nunca va a llegar, porque los recuerdos son los cadáveres de los momentos vividos que habitan en nuestros pensamientos, no tienen más esperanza de vida que la que les queramos dar. Algunos son bonitos, otros tiernos, otros crueles, pero ninguno vamos a volver a vivirlo de nuevo. Todos sabemos que la vida es un camino que sólo se puede recorrer hacia adelante, que no es posible volver atrás. En el fondo, nuestra existencia es muy parecida a una regata. Somos navíos que van surcando el mar, a veces cruzándose, a veces estorbándose, a veces colaborando, pero siempre avanzando hacia la meta sin poder hacer otra cosa. Por delante, el océano por descubrir, el viento que nos empuja y lo desconocido. Por detrás, la estela que nos dice de dónde venimos, pero nunca hacia adonde vamos ni hacia adonde debemos ir. La estela no puede marcarnos el rumbo. Eso depende de cómo manejemos el timón, de la tripulación que seamos capaces de enrolar y de nuestra habilidad para conseguir una travesía satisfactoria o enredarnos en mil tormentas hasta que alguna de ellas consiga llevarnos al fondo del mar.



miércoles, 6 de febrero de 2013

Pausado

Hace un día frío en Madrid. Un día luminoso y limpio que invita a pasear. Hay un cielo azul intenso y brillante, con pequeñas y dispersas nubes blancas que le dan un aspecto de cielo de dibujos animados.  Hoy la ciudad no parece esa ciudad frenética y desquiciada que todos visualizamos cuando hablamos de Madrid. O de Barcelona, Londres, Paris, etc.. Es un día laborable en mitad de semana, y es mediodía, sin embargo no hay un tráfico excesivo. La gente camina con prisa, como siempre, pero no hay aglomeraciones en los semáforos. En el metro o los autobsuses no hay agobio, no se viaja apretujado. Los sitios más turísticos tienen menos visitantes que en otras ocasiones, se escuchan menos acentos diferentes. Los buses descapotables para turistas casi han desaparecido, y los pocos que se ven están ocupados por apenas una o dos parejas cada uno. Los comercios se ven muy vacíos desde fuera, los empleados y propietarios tienen gestos serios, caras de  preocupación, seguramente calculando cuánto tiempo más aguantarán así o cuánto les durará el trabajo. Hay muchos locales cerrados, muchos letreros de pisos en venta. Tan sólo las administraciones de lotería tienen colas de clientes. Todas las calles de la zona de la Puerta del Sol están copadas por los hombres anuncio de los "compro oro", los artistas callejeros (músicos, mimos y demás) y por los captadores de socios para las ONG. Parece que la ciudad está en pausa, ralentizada, sin duda esperando a que llegue la primavera, a que pase esta crisis que nos mantiene en un invierno cerrado, casi sin expectativas ni esperanza.

lunes, 4 de febrero de 2013

Diana

Diana acaba de llegar a este mundo. Tiene apenas unas horas. Es una niña preciosa, menudita y algo llorona en su estreno de vida. En un día en el que las malas noticias sobre la corrupción y el paro han copado los titulares, ella ha sido la buena noticia que ha eclipsado a todas demás. Ha llegado a un mundo extraño y complicado, pero es una niña con suerte. Sus padres la deseaban desde hace tiempo, y afortunadamente, tienen una cierta estabilidad que les permitirá darle una educación y poner a su alcance las oportunidades que ella deberá aprovechar. Ella no lo sabe aún, pero dentro de veinte o veinticinco años, en la década del 2030 al 2040, terminará de prepararse y pertenecerá a la generación que moverá el mundo. Vivirá grandes logros, y quizás participe en la consecución de alguno de ellos. Posiblemente vea la llegada del hombre a Marte, en imágenes holográficas tridimensionales, no en blanco y negro como vieron nuestros padres la llegada a la Luna. Conocerá la cura a numerosas enfermedades que hoy nos atormentan gracias al desarrollo de las terapias genéticas y el desarrollo de la investigación con células madre, al mismo tempo que surgirán nuevas enfermedades contra las que deberá luchar. También tendrá que vivir en una sociedad en permanente conflicto religioso y social, con el calentamiento global acentuado y vivirá el principio del fin de la era de los carburantes fósiles. Pero todo eso ahora no importa. Para ella, el mundo funciona si puede dormir escuchado el corazón de su madre y le dan el pecho cuando tiene hambre. Por suerte para ella, tiene unos padres que la quieren y la querrán incondicionalmente, un hermano, abuelos, tíos y primos que siempre que lo necesite la ayudaremos. Se equivocará y sufrirá por ello, y luego aprenderá. Tendrá su cuota de amor y desengaño como hemos tenido todos los seres humanos desde el inicio de los tiempos, pero alrededor tendrá siempre a su familia y sabrá que nunca caminará sola. Sin embargo, todo eso será dentro de unos años. Hoy sólo es un pequeño ser desorientado, que intenta adaptarse al cambio de su ritmo de vida,  a las nuevas sensaciones y sus necesidades en un mundo que aún no entiende. Bienvenida a esta apasionante aventura de la vida, Diana.  Tu eres nuestro futuro.

sábado, 2 de febrero de 2013

Confianza

Hoy en día, uno de los principales problemas que tenemos es la crisis de confianza, tanto a nivel colectivo, en tanto que sociedad, como a nivel individual, cada uno de nosotros independientemente. Debido a esa falta de confianza en la situación que nos ha tocado vivir, y a la falta de autoconfianza en nuestras propias posibilidades, tenemos aversión a tomar decisiones comprometidas, y nos conformamos con lo que ya tenemos, tan sólo por no arriesgarnos a perderlo, aún a coste de poder conseguir algo mejor. La falta de autoconfianza es un motor negativo muy poderoso: nuestras capacidades reales nunca aparecen, tan sólo mostramos una versión descafeinada de ellas, bien sea por miedo al fracaso, por miedo a lo que los demás puedan pensar de nosotros o, lo que es peor, porque nosotros mismos no seamos capaces de ver el potencial que tenemos y que aún no hemos desarrollado. La autoconfianza es una habilidad, no una característica de nuestra personalidad. Si nos fijamos metas a corto plazo y somos capaces de poner todos nuestros recursos para conseguirlas, paso a paso nos iremos sintiendo seguros y seremos capaces de demostrar lo que podemos conseguir. El mayor error que podemos cometer es fijarnos metas demasiado grandes y que excedan nuestras posibilidades reales en el momento de acometerlas. Imperdonable sería ni siquiera intentarlo. Como reza el proverbio, un viaje de mil millas empieza con un simple paso.