miércoles, 26 de marzo de 2014

Dia del padre

Hace unos días fue el día del padre, y una señora llamó a la radio para decir que ella había pedido en el colegio de su hija que no se celebrara, porque su hija era huérfana de padre, y había llegado a casa llorando porque no sabía qué hacer con el regalo que habían hecho en la clase de manualidades. Y lo más alucinante es que empezaron a llamar más madres defendiendo esa postura. El razonamiento es que como ahora hay muchos tipos de familias, aquellos que no tienen padre o madre, se sienten discriminados en este tipo de celebraciones. Partiendo de la base de que no me gustan estas celebraciones comerciales, creo que el planteamiento, como nos ocurre muchas veces, es erróneo. A los niños y niñas de familias monoparentales o del tipo que sea, lo lógico es educarles y hacerles comprender que hay diversas situaciones además de las tradicionales, y que el regalo del día del padre se lo pueden  hacer igual a su madre, o el del día de la madre al padre,  y que lo importante es estar a gusto con la situación en la que viven. En este caso, en el que la niña era huérfana, pues tendrá que asumir que su padre ha muerto y que los de los demás niños no, es ley de vida, y cuanto antes sea capaz de comprenderlo y asumirlo, mejor se desarrollará como persona, y esa es una labor que debe ejercer su madre sin delegar en otros. Eliminar una fiesta porque a alguien no le guste es discriminar a todos aquellos que sí quieren celebrarla. Es como si todos los que no están enamorados o no tienen pareja, pidieran que se eliminara el día de San Valentín del calendario y que se prohibiera hacer publicidad en los comercios. Es algo normal en este país. Cuando algo no nos gusta o no casa con nuestro modo de vida, pedimos que se prohiba, en lugar de aceptar las diferencias y tratar de convivir con ellas. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Calzonazos

Sigue coleando el tema de los inmigrantes fallecidos en aguas de Melilla hace unos días, y cuanto más tiempo pasa, más vergüenza ajena produce la situación del Director General de la Guardia Civil. Un dirigente que no se entera de lo que pasa en las fronteras que son su responsabilidad, que no se preocupa de informarse antes de salir a la prensa a contar las mentiras que le indican desde el Gobierno, que se ve obligado a rectificar y queda en entredicho públicamente, al demostrar las imágenes de las cámaras de seguridad propias de la Guardia Civil todo lo contrario de lo que él ha contado, debería dimitir, aunque sólo fuera por dignidad y por la vergüenza que debería sentir al quedar en evidencia. Y cuando parecía que las cosas no se podían hacer peor, surge un nuevo escándalo que deja de nuevo en evidencia a este señor: un grupo de golpistas se reúnen en uno de sus cuarteles para celebrar el aniversario del golpe de estado. En cualquier país del mundo esto sería motivo de ceses e incluso de detenciones de los implicados (apología del terrorismo). Y este señor sigue sin enterarse de nada, y sigue sin hacer nada. Es la perfecta definición de un calzonazos: se cree que manda, pero todos los que están por debajo de él se ríen a sus espaldas y hacen lo que les da la gana, mientras que quienes le colocaron en el puesto le mantienen allí porque es bueno tener un pelele que se lleve los golpes destinados al poderoso. En cualquier organización con un mínimo de orgullo este señor estaría en la calle, pues es difícil hacer más en menos tiempo para destrozar la imagen de nadie.

martes, 18 de marzo de 2014

Paripé

La RAE define paripé como fingimiento, simulación o acto hipócrita, que es exactamente lo que está haciendo la Unión Europea en relación al asunto de Crimea. Ante una política de hechos consumados, con una intervención rusa sobre el terreno totalmente novedosa al enviar un ejército sin distintivos (parece ser que es la primera vez que ocurre algo así en la historia a ese nivel), la UE no se cansa de apelar a la legalidad internacional (?) y a la vía diplomática. A estas alturas ya está claro que la legalidad internacional les importa más bien poco al Parlamento de Crimea y a Putin, y que, como dije en una entrada anterior, Crimea iba a ser rusa sí o sí. Mientras tanto, el ínclito Javier Solana, el mismo que en la Guerra de los Balcanes negociaba acuerdos de paz imposibles con los generales serbios y miraba para otro lado cuando éstos se dedicaban a asesinar y violar a civiles inocentes sólo por ser de la etnia equivocada,  sigue defendiendo el diálogo y tanto la UE como los USA siguen haciendose los ofendidos y no reconocen el resultado del referéndum ni la anexión de Crimea a  Rusia, cuando es algo que ya está consumado y no hay vuelta atrás. Mientras tanto, seguiremos negando el visado a políticos y empresarios rusos (como han anunciado hoy los USA) y Putin seguirá riéndose de todo ese circo, convencido de que nadie puede pararle los pies si se propone algo. Si alguien se molestara en revisar la historia, vería que una política de apaciguamiento promovida por Gran Bretaña en los años 30, similar a la que se está llevando ahora a cabo con Rusia, fue lo que dio alas a Hitler y fue el germen de la Segunda guerra Mundial. 

martes, 11 de marzo de 2014

Standby

Hay periodos en los que parece que nos quedamos vacíos, en los que lo único que nos apetece es dejar pasar el tiempo sin preocuparnos mucho por lo que ocurre alrededor. En mi caso, coinciden a  menudo con los cambios del tiempo, como el que vivimos estos días. Estos cambios tan bruscos me producen la sensación de quedarme vacío de golpe, y me cuesta unos días volver a coger el ritmo y volver a tener las energías necesarias para enfocarme y retomar las pequeñas rutinas que marcan nuestro día a día. Son periodos de remanso, como cuando se vacía un dique y se empieza a llenar poco a poco hasta que de nuevo llega a rebosar y vuelve a dejar escapar el agua por encima del borde. Es una sensación de estar como en pausa, suspendido, con las funciones mínimas activadas, con las palabras jugando al escondite en algún lugar indeterminado sin ganas de mostrarse, a la espera de que algo active el botón de encendido y todos los circuitos se pongan a funcionar de nuevo.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Vientos de guerra

Crimea es una península cuya historia ha estado marcada por las guerras. Entre las más recientes, la guerra de 1854 entre rusos por un lado y una alianza de ingleses, franceses, otómanos y piamonteses, por el otro, conocida como guerra de Crimea. Después de la Primera Guerra Mundial, durante Revolución Rusa, fue escenario de una nueva guerra civil, entre los partidarios de la revolución rusa, apoyados por Rusia, y los anticomunistas, apoyados por alemanes, estadounidenses, ingleses, franceses y turcos. Pasan los años y los conflictos se reavivan. Hoy de nuevo soplan vientos de guerra en Crimea, una guerra en las mismas puertas de nuestra Unión Europa. De producirse, sería la primera guerra en suelo europeo desde el fin de la guerra de los Balcanes, en 1995, de tan nefasto recuerdo y resultado, y cuyas heridas aún no se han cerrado. A pesar de que parece que la situación está controlada diplomáticamente, cualquier mínimo incidente puede desencadenar el conflicto, como ha ocurrido frecuentemente en Europa, y sin embargo, los líderes mundiales siguen con su teatrillo de reuniones y comunicados como si no ocurriera nada. El Gobierno español persiste en su línea "rajoyniana" (palabro que me acabo de inventar) de condenar "sí pero no" la ocupación rusa, no sea que se enfade Putin y no nos de el AVE que se está negociando en estos momentos en aquel país, y que además dejen de venir los turistas rusos que se dejan tanto dinero en nuestras costas, venga de donde venga ese dinero. Además, Rusia controla el suministro de gas al norte y centro de Europa, así que me da la impresión de que Ucrania puede ir despidiéndose de Crimea, que va a terminar siendo rusa sí o sí. Lo que queda como conclusión de este conflicto, es que Europa no pinta nada en el concierto internacional a nivel de superpotencia, y fuera de Europa no hay nadie realmente interesado en plantar cara a Putin por esta disputa territorial (no olvidemos que los habitantes de Crimea quieren mayoritariamente formar parte de Rusia). Ucrania está más apoyada por palabras que por hechos, y no tiene la capacidad ni el poderío suficiente para enfrentarse a un ejército ruso cuatro veces superior.