viernes, 31 de enero de 2014

Emprendedores

Emprendedor es la palabra de moda en el Gobierno cuando se refieren al empleo. Es un bonito eufemismo, detrás del cual todos nos imaginamos a los Steve Jobs, Bill Gates, al fulano de Facebook, al de Amazon o al de Virgin, construyendo sus imperios "desde la nada" en un garaje o un almacén, y perdemos de vista la realidad de lo que esconde el Gobierno detrás de esa palabra. Lo que el Gobierno llama emprendedor, y lo que entiende por emprendedor, es el autónomo de toda la vida, el trabajador o la trabajadora que ve en el autoempleo la única manera de susbsistir, el propietario de un pequeño comercio, de un taxi, de un bar o un restaurante que capea los temporales como puede, y que sigue adelante porque cerrar supone caer en la ruina y en la miseria. En un país en el que la incapacidad de crear empleo de los gobiernos es manifiesta, alentar a los ciudadanos al emprendimiento es una forma de decirles que se busquen la vida porque no hay más, es un reconocimiento tácito de la ineptitud de los que gobiernan para generar las condiciones necesarias que promuevan la creación de empleos dignos. Incapacidad o interés calculado, pues en un país de autónomos, las cotizaciones seguirán llegando a las arcas de la Seguridad Social, mientras que las prestaciones sociales descienden. Cuando un autónomo cierra, no tiene derecho a ningún tipo de prestación. Eso sin contar con que las pensiones de los autónomos son menores que las de los asalariados con el mismo nivel de cotización.  Parece que el modelo al que nos llevan es el de un país bipolar, dividido entre autoempleados y empleados precarios por cuenta ajena. Y mientras las grandes cuentas engordan, seguirán quedando cadáveres por el camino.

martes, 28 de enero de 2014

Desigualdades

Por encima de las políticas de cada país, están las ideologías de quienes las imponen. En España tenemos una larga tradición, desde tiempos inmemoriales, de gobernantes que buscan única y exclusivamente su propio bienestar y el de quienes les son afines. Ocurría en tiempos de los romanos y sigue ocurriendo ahora. Esta incapacidad para gestionar la cosa pública de manera honesta nos está convirtiendo en un estado paria dentro de la Unión Europea. Los motores de la UE ya han salido de la crisis y están en crecimiento, con tasas de desempleo iguales o menores a las que sufrían en 2008, y tasas de crecimiento superiores. Gran Bretaña sale airosa gracias a la fortaleza de la City financiera, muy vinculada con las grandes bolsas asiáticas de Singapur o Hong Kong. Alemania ha optado por un sistema de desarrollo mixto, en el que la potente maquinaria industrial da trabajo a mano de obra cualificada, casi toda alemana o procedente de la UE, con un nivel de vida muy superior al resto de europa, y por otra parte un sector servicios que está principalmente integrado por inmigrantes de baja cualificación de la UE (españoles, portugueses, griegos) y por inmiggrantes ajenos a la UE (turcos, marroquíes, armenios...), mano de obra barata que sostiene el sistema del bienestar del resto. Francia está en pleno periodo de ajuste, luchando por seguir el modelo alemán y no caer en los errores de los países del sur. Mientras, en España, nuestro gobierno ha optado por convertirnos en la China de la UE, con trabajos precarios, salarios mínimos, impuestos desorbitados y derechos inexistentes, sin sanidad pública universal, con educación ideologizada y con un futuro en el que las desigualdades serán aún más acentuadas de lo que son hoy en día. Datos: sólo entre 30 familias, por todos conocidas, manejan una fortuna de 32.000 millones de euros. El número de millonarios en 2013 creció en España un 13%. Sin embargo, los salarios en 2012 se redujeron en un 3,5% y en 2103 un 5,6%. Por no hablar de las pensiones y las prestaciones sociales. La cuestión es cuánto se podrá estirar la cuerda de las desigualdades antes de que se rompa.

viernes, 24 de enero de 2014

Atropellados

Vivimos tiempos difíciles desde hace unos años. Las noticias que surgen a diario no son buenas y nos hacen vivir en un clima de incertidumbre que nos impide mirar un poco más allá. Somos atropellados por los acontecimientos, uno tras otro, sin solución de continuidad: las noticias de hoy mañana ya son viejas, y las de ayer ya se han olvidado. Estamos bombardeados por mensajes negativos que poco a poco se filtran en nuestro subconsciente y se convierten en pensamientos propios. No es fácil luchar contra todo ésto. No es fácil poner nuestra mente al servicio de nuestros intereses y abstraerse de las desgracias que nos anuncian. El primer paso es asumir que estamos inmersos en esa dinámica, y tomar conciencia de que necesitamos cambiarla para poder enfocar nuestros pensamientos hacia adelante, para ponerlos a trabajar en conceptos e ideas que sumen, y no en aquello que resta capacidad de reacción. No hay una receta mágica, a cada uno le funcionará algo diferente, pero una vez nos decidimos a dar el paso, hay que seguir buscando el camino para llegar a ese punto. No es un trabajo menor, nuestra mente está acostumbrada a pensar con unos esquemas determinados y nunca es sencillo cambiar los vicios adquiridos. Ocurre a menudo que nuestro subconscientre es más obstinado y reacio al cambio que nosotros mismos, pero hay que encontrar la manera de conseguirlo, pues esa es la única forma de no morir atropellados.

martes, 21 de enero de 2014

Funambulistas

Ser político es una cuestión de equilibrio. Es como caminar por el alambre intentando no caer por ninguno de los dos lados. Pero el equilibrio permanente es imposible, y más cuando a cada lado de la pértiga hay una fuerza que tira para hacer que el funambulista caiga de su lado y hay una banda mediática haciendo ruido para distraer al artista, que puede perder la concentración con facilidad. En un extremo de la pértiga están las promesas electorales realizadas a los ciudadanos, el bien común y el alcanzar un reparto equitativo de la riqueza y conseguir que las condiciones de vida de la mayoría de la gente mejoren. Un objetivo loable, pero poco lucrativo. En el otro, los poderes financieros y políticos que quieren seguir dominando el cotarro y quieren que las cosas sigan como siempre, como toda la vida, es decir, que los ricos cada vez sean más ricos y los pobres cada vez estén más ahogados y por tanto sean meros esclavos de las empresas que les dan de comer. Contentar a estos poderes no está éticamente bien visto, no favorece a la mayoría, sino a la minoría, pero económicamente compensa, tanto a corto como a largo plazo. Además, estos poderes son los que controlar el ruido mediático que presiona para que el político de turno caiga a un lado determinado, y cualquier error se olvida pronto. A fin de cuentas, la memoria colectiva es débil. ¿Hacia qué lado es más fácil que caiga nuestro funambulista? Creo que a día de hoy no se conoce el caso de ningún político que haya salido de la política más pobre de lo que entró.

viernes, 17 de enero de 2014

Daños colaterales

El nuevo mantra de nuestros gobernantes es que la crisis ha terminado y que a partir de ahora, y por poco que nos esforcemos, dentro de nada vamos a comer centollo casi a diario. Hoy estoy generoso y voy a concederles que lo que dicen es verdad. La crisis que estamos sufriendo ha sido como un terremoto que ha arrasado la estructura del estado del bienestar que se contruyó durante tantos años y tantos gobiernos diferentes con ideologías diferentes, no lo olvidemos. En el fondo ha sido una guerra económica, que sin duda la mayoría hemos perdido, pues nuestro nivel de vida hoy no tiene nada que ver con el nivel de vida que teníamos hace seis años. Hay una reflexión que viene a decir que en la guerra hay vencedores y vencidos, pero que todos son perdedores. Y en esta guerra, como en todas, van a quedar en el camino muchos cadáveres víctimas de la artillería propia, en forma de millones de parados, de millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza, de cientos de miles de familias que debido a deshaucios o a negocios arruinados quedarán endeudadas para siempre y con muy poca capacidad de reacción para poder rehacer sus vidas. Colectivos, como los mayores de 45 ó 50 años, a los que cada año que pasa sin que encuentren trabajo, la edad les marca como un estigma a la hora de acceder de nuevo al mercado laboral. ¿Qué planes hay para integrar a todas estas personas en el sistema? Ninguno. En toda guerra se asume que en cada bando se van a producir víctimas debido a decisiones o cálculos erróneos que van a afectar y a causar bajas en el propio bando. Es el fuego amigo. Los supervivientes pasan por encima de ellos, sueltan una lágrima fugaz y siguen adelante con sus vidas. La máquina no se puede parar. Y eso se asume con la naturalidad de lo inevitable, se cuenta con ello. Son los daños colaterales.

martes, 14 de enero de 2014

Leyes de lo absurdo

Lo que manda es un gobierno, en cualquier gobierno de cualquier país, no es el bien común, sino la ideología. Ejemplos de ésto tenemos varios últimamente en España (leyes del aborto y de educación, reforma laboral y algunas más) y en el resto del mundo. Uno de los casos que me parecen más escandalosos es el que ha salido a la luz en Texas (USA) en estos días. La noticia es que una mujer en muerte cerebral, es decir, muerta, es mantenida con vida porque está embarazada de varias semanas, y que cuando se llegue a las veintitantas semanas de gestación, se decidirá si se la mantiene con vida de manera artificial o se le desconecta del soporte vital, según solicita su familia. En el ultraconservador estado de Texas, un juez lleva hasta el absurdo las posturas antiabortistas, y prioriza gestar un feto en un cadáver antes que dejar que los muertos descansen en paz, y más cuando ese es el deseo de sus allegados. Cuando alguien muere, todas sus funciones vitales cesan, y toda la vida que haya en su organismo desaparece, desde el nivel celular hasta la persona en conjunto. Mantener a una persona caliente, oxigenada y alimentada para llevar a término un posible embarazo, la relega a una condición de mero recipiente y le despoja de todos sus derechos como persona. Claro, que no nos podemos olivdar de que hablamos de un cadáver, y los cadáveres tienen pocos derechos. Tan sólo el de recibir sepultura digna, y ni eso le conceden. Y éstos mismos que ven con buenos ojos realizar estas prácticas tan aberrantes, se oponen a la investigación con células madre o los vientres de alquiler, por ejemplo. Me imagino a Gallardón suspirando en silencio y deseando vivir en Texas. Allí, con sus posturas sobre el aborto, sería un héroe.

viernes, 10 de enero de 2014

Patriota vs. nacionalista

En sentido estricto, todos somos patriotas. A todos nos tira la patria, la tierra en la que nacemos y crecemos, en la que nos educamos y nos hacemos personas. Da igual si uno ha nacido en Madrid, Barcelona, Vigo o Matanza de Soria. A todos nos gusta nuestra tierra y todos somos capaces de encontrar motivos de orgullo por haber nacido allí y no en otro lugar. En cierto modo, es un sentimiento irracional, más relacionado con la sensación de seguridad que nos da sabernos integrados en un colectivo o en unas determinadas estructuras y costumbres sociales que con el hecho de nacer en un sitio concreto. Casi cualquier persona de este mundo se siente orgulloso de ser del lugar al que pertenece, por muy mala que sea su situación o injustas sus condiciones de vida. Es irracional porque nadie elige el lugar en el que nace, éste es fruto de una serie de casualidades que se forjan durante muchos años y generaciones antes de nuestro nacimiento y en las que no intervenimos para nada, pero aún así, nos sentimos satisfechos y nos tira la patria chica. Nos sentimos identificados con ella, con sus gentes y sus costumbres comunes. La Nación es otra cosa. Es una estructura política diseñada para organizar unos grupos sociales que comparten unos valores básicos comunes y muchas diferencias internas, y generalmente, es el resultado de la necesidad de hacer frente al empuje de otras naciones. No son términos equivalentes, pero son compatibles. De cada uno depende el significado y el alcance que demos a cada uno de esos términos. No se pueden aplicar por igual a todas las sensibilidades, y ese es un error común cuando alguien coge una bandera para reivindicar su patria por encima de las demás.

martes, 7 de enero de 2014

2014

Una vez terminadas las fiestas navideñas toca reengancharse al ritmo de la vida normal. No es fácil. Después de un periodo de anestesia en el que parece que todo se toma un respiro, crisis incluída, volver a la realidad del día a día, del trabajo o de la falta de él, de los problemas cotidianos, nos hace sentir que estamos un poco al borde de un abismo, cuando la realidad es que estamos ante un año en blanco en el que todo está por suceder. Las cosas no han sido fáciles durante el año anterior, la crisis y sus consecuencias han seguido pegando fuerte, y cada vez las sentimos más cerca. Tenemos menos derechos y una economía más precaria, pero nada de lo que ya ha pasado puede hacernos daño, y hay que pensar en cómo afrontar lo que tenemos por delante. Las heridas que dejamos atrás son un recordatorio de lo que hemos vivido, pero no un anuncio de lo que vamos a vivir. Son la experiencia que nos ayudará a enfrentar en mejor situación los retos que tendremos por delante. No soy muy partidario de hacer propósitos de año nuevo, pero no está de más plantearse algún objetivo realista y que dependa de cada uno, y retarse a conseguirlo y lograrlo. La satisfacción de los logros alcanzados es la mejor subida de adrenalina y autoestima de la que podremos disfrutar durante este año. Así que, Feliz Año 2014 para todos.