martes, 14 de enero de 2014

Leyes de lo absurdo

Lo que manda es un gobierno, en cualquier gobierno de cualquier país, no es el bien común, sino la ideología. Ejemplos de ésto tenemos varios últimamente en España (leyes del aborto y de educación, reforma laboral y algunas más) y en el resto del mundo. Uno de los casos que me parecen más escandalosos es el que ha salido a la luz en Texas (USA) en estos días. La noticia es que una mujer en muerte cerebral, es decir, muerta, es mantenida con vida porque está embarazada de varias semanas, y que cuando se llegue a las veintitantas semanas de gestación, se decidirá si se la mantiene con vida de manera artificial o se le desconecta del soporte vital, según solicita su familia. En el ultraconservador estado de Texas, un juez lleva hasta el absurdo las posturas antiabortistas, y prioriza gestar un feto en un cadáver antes que dejar que los muertos descansen en paz, y más cuando ese es el deseo de sus allegados. Cuando alguien muere, todas sus funciones vitales cesan, y toda la vida que haya en su organismo desaparece, desde el nivel celular hasta la persona en conjunto. Mantener a una persona caliente, oxigenada y alimentada para llevar a término un posible embarazo, la relega a una condición de mero recipiente y le despoja de todos sus derechos como persona. Claro, que no nos podemos olivdar de que hablamos de un cadáver, y los cadáveres tienen pocos derechos. Tan sólo el de recibir sepultura digna, y ni eso le conceden. Y éstos mismos que ven con buenos ojos realizar estas prácticas tan aberrantes, se oponen a la investigación con células madre o los vientres de alquiler, por ejemplo. Me imagino a Gallardón suspirando en silencio y deseando vivir en Texas. Allí, con sus posturas sobre el aborto, sería un héroe.

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