Aprovechando que ayer era Viernes Santo, festivo, lluvioso, ventoso y desapacible, me puse a ordenar armarios y cajas, una de esas tareas que siempre dejamos para mañana. Por fin dejé de procastinar y ese mañana se convirtió en ayer. La primera conclusión es que no nos damos cuenta de la cantidad de cosas inútiles que acumulamos hasta que no nos ponemos a ordenarlas. La segunda, es que después de tirar varias bolsas grandes y cajas con trastos, los armarios y altillos siguen estando igual de llenos que antes, parece que no haya salido nada de casa. En el fondo, los armarios trasteros son una metáfora de nosotros mismos. Vamos archivando allí las cosas que un día nos hicieron disfrutar y nos ilusionaron, cosas a las que en su momento cogimos cariño porque de algún modo nos hicieron felices, asociadas a situaciones o personas que fueron importantes para nosotros y que por eso mismo decidimos conservar. Con el tiempo, todo ese equipaje pasa el filtro de nuestra evolución, de nuestros cambios, y algunas de esas cosas pierden valor, y en días como ayer, acaban en el contenedor de basura. Otras siguen despertando algo en nostros al volver a verlas y decidimos conservarlas. Estas son los recuerdos. Esa es la diferencia entre recuerdos y trastos viejos.
Vivimos en un mundo plano y al mismo tiempo lleno de aristas. Somos rehenes de la mediocridad y la uniformidad, y luchamos para vivir la ilusión de sentirnos diferentes. Tenemos una sociedad gris, en la que los poderes dominantes son esclavos de lo políticamente correcto y legislan pensando en el titular de mañana y en el beneficio personal de pasado mañana.
sábado, 30 de marzo de 2013
miércoles, 27 de marzo de 2013
Autoestima
Uno de los motores principales de nuestras acciones positivas es la autoestima. Tener la seguridad de que somos capaces de conseguir algo es importante en el momento de enfrentarnos con los retos que se nos presentan. La autoestima, que no es más que poner en valor nuestras cualidades positivas y dejar de lado los miedos que nos limitan, principalmente el miedo al fracaso, es lo que marca la diferencia entre la consecución de un objetivo o el quedarnos en el intento, con la carga de frustración que eso conlleva. En una sociedad que ha convertido el éxito social en una religión que se mide en popularidad o dinero, es fácil perder la autoestima si no se está a la altura de lo que la sociedad etiqueta como triunfador. Pero esa misma sociedad se encarga de lanzarnos constantemente mensajes negativos dirigidos a destruir nuestra autoestima desde pequeños, marcando unos estándares de lo que es una vida ideal y haciéndonos asociar la no consecución de esa vida ideal, casi utópica, pues sólo está al alcance de unos pocos, al fracaso personal. Al poder nunca le ha interesado tener ciudadanos con criterio y capaces de pensar por sí mismos, pues cuanto menos autoestima tenga una persona, más fácil es de manejar. Es más fácil pastorear ovejas que lobos.
domingo, 24 de marzo de 2013
Magnitudes
Acostumbrados como estamos a manejar pequeñas cantidades en casi todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana, es fácil que perdamos la perspectiva y no seamos capaces de dimensionar correctamente las magnitudes que se escapan un poco de nuestra experiencia directa. Para entendernos, escuchamos hablar de años luz a menudo, e incluso utilizamos esa expresión para enfatizar algo, pero realmente, ninguno somos capaces de imaginarnos lo que significa la distancia de un año luz en términos humanos. Necesitamos reducirlo a una escala que podamos comprender y así poder asimilar lo que nos quieren decir. Para que nos hagamos una idea, si tuviéramos que recorrer esa distancia (un año luz) por una autovía a 120 km/h, necesitaríamos alrededor de 9 millones de años conduciendo sin parar. Con la economía pasa lo mismo: escuchamos hablar de cifras macroeconómicas y no somos conscientes de lo que suponen. La siguiente situación, sin ser un ejemplo exacto, sí que es válida para que comprendamos nuestra situación económica como país. Imaginemos una familia que tiene unos ingresos de 1000 euros al mes, algo habitual hoy en día. Ahora imaginemos que a final de mes, esa familia ha gastado los 1000 euros, y aún necesita otros 1000 para sobrevivir, y consigue que alguien se los preste, con lo que contrae una deuda de 1000 euros. Al mes siguiente, además de los 1000 euros adicionales que necesita, tiene que pagar al menos los intereses de la deuda anterior, pongamos un 5%, 50 euros, por lo que, además de lo que gana, necesita 1050 euros para terminar el mes (sin contar que sigue debiendo el principal anterior, es decir, los 1000 euros pedidos anteriormente y a los que antes o después tendrá que hacer frente). ¿Es viable esa familia?¿Qué futuro le espera? La indigencia, casi con toda seguridad. Pues eso es más o menos lo que nos quieren decir cuando el gobierno anuncia que la deuda española en el 2013 será del 100% del Producto Interior Bruto. Es decir, que además de "gastar" todo lo que producimos, vamos a necesitar una cantidad igual a lo producido sólo para cubrir gastos, y eso a costa de endeudarnos aún más. Ningún país en la historia ha conseguido superar una situación similar sin declararse en suspensión de pagos, con la consiguiente devaluación de su moneda (algo inviable mientras estemos en el euro, nos tendríamos que salir), los corralitos y el empobrecimiento general de la población y lo que eso conlleva (más paro, menos prestaciones sociales). Somos como los toros en los encierros: nos llevan por un callejón sin salida hacia la plaza en la que seremos sacrificados. Grecia y Chipre ya están allí. ¿Seremos los siguientes?
jueves, 21 de marzo de 2013
Tercios
Hasta ahora, se consideraba que nuestra vida profesional se podía dividir en tres tercios. Un primer tercio de preparación y capacitación, a través del estudio, aunque también del aprendizaje en base a la adquisición de experiencia y prosperar en diferentes trabajos. Un segundo tercio, en el que se desarrollaba nuestra actividad profesional madura, generalmente entre los 30 y los 65 años, y por fin, el último tercio, la jubilación, en el que supuestamente disfrutaríamos de los frutos del trabajo de tantos años. Sin embargo, esta crisis se ha llevado por delante esta especie de regla que ha funcionado durante muchos años, sobre todo para el colectivo de desempleados de entre 45 y 55 años. Por edad, y por la escasez de oferta laboral, tienen muy complicado encontrar de nuevo un empleo, y el montante de sus cotizaciones se ve cortado de golpe. Esto implica que además de tener hipotecado el presente, tendrán hipotecado el futuro, pues en muchos casos no llegarán a completar las cotizaciones suficientes para tener derecho a una pensión. Es como si les hubieran quitado el suelo bajo sus pies, y la realidad es que no hay nada a lo que agarrarse. Para este colectivo, éste es el primer paso a la exclusión social y la pobreza.
martes, 19 de marzo de 2013
Regulador
La seguridad jurídica es uno de los logros más importantes de un régimen democrático, y una condición indispensable para el desarrollo económico y social de un país. Es algo de lo que nos beneficiamos a diario sin saberlo, y muchas veces sin apreciarlo hasta que la perdemos, como ha ocurrido en Chipre este pasado domingo. Los ciudadanos se fueron el viernes a sus casas, a pasar un fin de semana más, y de repente se encontraron con la pesadilla de que quienes deberían garantizar sus derechos y salvaguardar su seguridad jurídica, les meten la mano en la cartera, casi literalmente, y se inventan un impuesto, tasa o como lo quieran llamar, por medio del cual su capital es confiscado por el Estado en un porcentaje determinado. Porque sí, porque un ente abstracto supranacional lo manda. Y esto ocurre en un país de la UE, donde presumimos de ser los más civilzados del mundo. Si quien nos tiene que proteger, nos roba ¿qué sentido tiene mantener esta farsa? Y lo peor de todo, ¿hay alguna otra alternativa a este sistema? Los tiempos del dinero escondido en el colchón quizás no tarden tanto en volver.
sábado, 16 de marzo de 2013
Superbacterias
Hay una creciente preocupación en el ámbito de la medicina por la proliferación de las llamadas superbacterias, bacterias que han desarrollado inmunidad a los tratamientos con antibióticos, a causa de múltiples factores, pero principalmente al abuso que se ha hecho de ellos durante muchos años, con una utilización indiscriminada e injustificada en muchas ocasiones, sobre todo en los países ricos. Cada vez es más difícil combatirlas y provocan más muertes al año. Estas bacterias, que llevan miles de millones de años habitando el planeta, han sobrevivido a cientos de extinciones masivas que se han llevado por delante a millones de especies a lo largo de la historia, y llevan eones evolucionando y adaptándose al medio, siendo un ejemplo perfecto de las teorías de Darwin acerca de la supervivencia del más fuerte. Si cambiamos de escala y pasamos del micromundo al macromundo, los seres humanos actuamos igual que estas bacterias: arrasamos los recursos de nuestro anfitrión y nos dedicamos a vulnerar metódicamente sus defensas, y hasta ahora, debido a nuestro instinto de supervivencia y a nuestro crecimiento desmesurado en número, seguimos resistiendo los ataques de la naturaleza y los resultantes de nuestros errores, avanzando y contagiando nuestra enfermedad a todos los rincones del planeta y destruyendo sistemáticamente a los demás organismos con los que compartimos hábitat. Está claro que nunca vamos a acabar con las superbacterias, pero, en nuestro papel de superbacterias dañinas, ¿acabarémos con nosotros mismos?
jueves, 14 de marzo de 2013
Marte
Tengo que reconocer que la noticia que han dado a conocer estos días, acerca de que parece probado que en Marte se dieron las condiciones necesarias para la vida hace unos cuantos millones de años, abre muchas posibilidades. Quiero dejar claro que no creo para nada en los extraterrestres venidos de galaxias y estrellas situadas a años luz de nosotros, tipo E.T., Alien, Predator o "La Guerra de los Mundos"; esos viajes son, con nuestro conocimiento actual, inviables. Pero la idea de que en Marte hubiera vida a nivel bacteriano o unicelular me resulta atractiva. Es la segunda confirmación en este sentido, tras los datos obtenidos en 1984 de un meteorito marciano en los que se observaron estructuras fósiles que parecían responder a actividad de bacterias. Es posible que nuestros antepasados más remotos fueran marcianos y que, como sostiene la teoría de la Panspermia, llegaran a la Tierra en la cola de algún cometa o en algún meteorito y aquí encontraran las condiciones ideales que necesitaban para la vida y prosperaran hasta llegar a nosotros, mientras que los que quedaron en Marte se extinguieron o están recluidos bajo la superficie del planeta, mucho menos evolucionados. Es posible que llevemos toda la vida teniendo miedo a los marcianos, y que al final resulte que los marcianos somos nosotros mismos. O quizás por eso mismo les tenemos tanto miedo. Paradojas.
martes, 12 de marzo de 2013
Adaptarse
Se dice que las crisis son una oportunidad para cambiar o para reinventarse, pero yo no estoy muy de acuerdo con esa afirmación. Sí, es cierto que cuando entramos en un periodo de crisis (de cualquier tipo, no me refiero a la actual crisis económica) debemos adaptarnos y tenemos que cambiar nuestros planteamientos vitales, nuestra conducta e incluso nuestras costumbres y manera de relacionarnos con el mundo y en cierto modo, reinventarnos, reinventar nuestra vida, a veces, casi es como volver a empezar. Todo eso ocurre, es más, debe suceder así, pero al ser de manera forzada, no es una oportunidad que se nos presenta y que debamos aprovechar, es una necesidad para salir de una situación que no nos satisface y que incluso nos angustia. Se puede decir que no tenemos elección, y que el cambio es una obligación, no una opción. Cuando no estamos en crisis, no sentimos la necesidad de cambiar, porque nos sentimos bien tal y como estamos.
sábado, 9 de marzo de 2013
Budai Vár
Me he acordado esta tarde de un viaje que hice a Budapest hace unos años, en el 2005 creo que fue. En concreto, me ha venido a la cabeza el laberinto del castillo de Buda. El castillo está en la margen derecha del Danubio. O la izquierda, según se mire, todo es relativo. Enfrente del Parlamento, para centrarnos. Buda es una de las dos ciudades que dieron origen a la actual Budapest. El castillo fue edificado por Bela IV en el año 1242, y desde entonces fue residencia más o menos permanente de los sucesivos reyes de Hungría. Debido a las continuas escaramuzas con los otomanos, todos los bajos de la fortaleza están minados con túneles que forman un laberinto de varios kilómetros, de los cuales se puede recorrer una parte importante, algo así como un kilómetro y medio, más o menos. Es un lugar impresionante, en el que el silencio (con suerte de no coincidir con un grupo organizado, hay que buscar las horas) y la humedad te hacen sentir a veces un poco incómodo. A partir de una determinada hora, que creo recordar que eran las 18:00, apagan las luces eléctricas y los empleados te dan unas lámparas de aceite, con lo que la experiencia es aún mejor. Sobre todo, cuando llegas a la habitación del miedo. Antes de entrar tienes que apagar la lámpara, y te introducen en una habitación completamente a oscuras, en la que no se ve absolutamente nada, y tienes que agarrate a una cuerda que hay en la pared y seguir a oscuras la cuerda hasta la salida. El trayecto se te hace eterno, y con una sensación de inseguridad increíble. Cuando llegas al final te encienden la luz y ves que apenas has atravesado una estancia cuadrada y lisa de 3 metros de lado. Y entonces te da la risa. Como la vida misma.
Nota: absenerse idiotas que encienden el movil para ver por donde van.
viernes, 8 de marzo de 2013
Avalancha
Cuando los acontecimientos se suceden tan rápidamente que no nos da tiempo a valorarlos y reaccionar ante ellos, es fácil caer en el desánimo al vernos superados por la situación, y el desánimo nos lleva a la frustación o al sentimiento de impotencia: no podemos hacer nada. Es como si se nos viniera encima una avalancha. Lo único que nos queda es esperar la suerte necesaria para que la nieve no nos entierre demasiado y nos deje con la cabeza orientada hacia arriba y cerca de la superficie, y tener así una oportunidad de salir. En estas situaciones, en ambas, lo único que nos puede ayudar a superarlas, y lo único que depende de nosotros, es tener la fortaleza mental suficiente para resolver el gran problema que se nos plantea. Y para superar la sensación de sentirnos desbordados, lo mejor es descomponer la cuestión en cuestiones más accesibles y manejables que seamos capaces de afrontar y superar. Cada vez que consigamos resolver una cuestión menor estaremos más cerca de superar la totalidad del problena.
martes, 5 de marzo de 2013
Cazados
Los humanos tenemos una tendencia malsana a negar lo evidente, comportamiento éste que desarrollamos desde niños. Cuántas veces nos pillaron nuestros padres en alguna travesura, y a pesar de haber sido cogidos con las manos en la masa, negábamos estar haciendo lo que era más que evidente que estábamos haciendo. Lo curioso es que, aunque sabemos de la inutilidad de este comportamiento, pues hemos sido pillados in fraganti, nos enrocamos y lo mantenemos a lo largo de nuestra vida. Da igual que nos cojan en un exámen con la chuleta en la mano, que hagamos saltar un rádar de tráfico por circular por encima del límite permitido, que nos sorprenda nuestra pareja con otra persona, que el jefe nos cace en algún lugar de ocio después de decir que estábamos enfermos y cualquier otra situación que se nos ocurra. Siempre negamos lo evidente. Pero eso es nuestra potestad como personas privadas, lo peor es que quienes nos gobiernan (siempre entendidos como el conjunto de gobierno y oposición) hacen exactamente lo mismo, y hacen de la negación de lo evidente la manera de interpretar datos y situaciones, con una poca vergüenza que debería asustarnos y hacernos reflexionar si el sistema que tenemos realmente funciona.
viernes, 1 de marzo de 2013
Hielo
Vivimos tiempos extraños, en los que todas las certezas que teníamos han desaparecido casi sin que nos diéramos cuenta. Hay un ambiente enrarecido que se nota en el día a día. Me da a veces la impresión de que las calles están más silenciosas que antes, que ha disminuido el ruido de fondo. Ese rumor sordo del tráfico, los comercios y las voces de la gente moviéndose apresurada que siempre ha sido nuestra banda sonora de calle, se ha atenuado y en muchos sitios cualquier hora del día parece un domingo por la mañana temprano. Es una sensación inquietante. Nos movemos como si camináramos sobre un profundo lago cuya superficie estuviera cubierta por una fina capa de hielo, y sentimos bajo nuestros pies, y escuchamos, el crujido de la superficie al agrietarse con cada uno de nuestros pasos. Por eso andamos como con miedo, por que si se rompe el hielo, sabemos que no tenemos nada bajo nuestros pies.
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