Se va un año envuelto en nieblas, y el que viene no parece que traiga la fuerza necesaria para disipar la bruma. Es el momento de hacer balance de lo que ya ha pasado y archivarlo en el cajón de las cosas que ya no nos sirven. El tiempo es algo de un sólo uso, es de usar y tirar, o de usar y perder para siempre. Cada instante que dejamos escapar sin hacer nada nunca más volveremos a vivirlo. Todos lo sabemos, todos lo hemos dicho muchas veces, pero realmente no somos capaces de asimilar el significado de esa frase. Esa es la única manera de entender el por qué aún a pesar de saberlo, dejamos escapar el tiempo, mientras seguimos perdidos en la niebla, y no somos capaces de buscar otro camino u otra salida. La niebla siempre levanta, siempre hay una brisa que sopla suave y la arrastra y la deshace, siempre hay un rayo de sol que anticipa el cambio. Lo único que tenemos que hacer es estar atentos para reconocer los caminos que se nos abran después de la niebla, y decidirnos a tomar uno de ellos hasta las últimas consecuencias, sabiendo que cada paso es sólo el que precede al que sigue, que no hay posibilidad de retroceder, y que, como dice la canción, "lo que te llevará al final serán tus pasos, no el camino". Lo importante es no quedarse en la carretera, en medio de la niebla, y hallar el camino que nos lleve a encontrarnos a nosotros mismos.
Vivimos en un mundo plano y al mismo tiempo lleno de aristas. Somos rehenes de la mediocridad y la uniformidad, y luchamos para vivir la ilusión de sentirnos diferentes. Tenemos una sociedad gris, en la que los poderes dominantes son esclavos de lo políticamente correcto y legislan pensando en el titular de mañana y en el beneficio personal de pasado mañana.
domingo, 30 de diciembre de 2012
jueves, 27 de diciembre de 2012
Ciclos
Necesitamos hacer paréntesis de vez en cuando en nuestras vidas. Las vacaciones son uno de esos periodos en los que todo parece que queda en suspenso, y más en estas fechas navideñas, a las que, por tradición, les hemos asignado el papel de familiares y entrañables. La publicidad, el ambiente en las calles, la música, todo nos lleva a un estado de melancolía alegre que nos hace disfrutar más de la compañia de la familia y los amigos. Parece que es una obligación estar en un estado de euforia controlada, y quien no lo está desentona. Compartir ese estado de ánimo a través de los regalos o los adornos en las casas es también algo imprescindible. Ayudados por la conciencia colectiva, nos rodeamos de toda la parafernalia necesaria para que eso funcione, y de la misma manera que nos sumergimos en ella, la abandonamos con rapidez cuando se pasan las fechas señaladas y se cierra el cliclo hasta el siguiente año. Entonces cerramos paréntesis y volvemos a la realidad, y nos encontramos con que nada ha cambiado, los problemas siguen ahí y las soluciones están esperando a que las encontremos. Vuelve el ciclo largo, el ciclo de la vida.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Percepción
Lo que sabemos y lo que creemos son dos cosas muy diferentes que solemos confundir, y eso nos hace cometer errores en nuestras reacciones ante los estímulos que recibimos en el día a día. Lo que sabemos es lo que hemos aprendido, la experiencia que nuestro cerebro ha acumulado en base a sucesos anteriores y que hemos almacenado asociada al resultado de los mismos, es decir, si ese suceso nos ha proporcionado satisfacción o dolor emocional. Cuando extrapolamos lo que sabemos para intentar anticipar el futuro, estamos aplicando hacia adelante unos conocimientos adquiridos hacia atrás. Cada situación es diferente a todas las anteriores, y aunque tengan similitudes, siempre hay factores subyacentes que pueden alterar el resultado final. Es en este caso cuando confundimos lo que sabemos con lo que creemos: sabemos que en una situación similar en el pasado el resultado fue uno en concreto, el que tenemos almacenado en nuestro cerebro, y al enfrentarse a unas circunstancias parecidas, nuestra mente rescata ese recuerdo y hace que lo tomemos por certeza, adecuando nuestras reacciones a los sucesos pasados, sin tener en cuenta los factores diferenciadores de cada situación. Nuestra mente está preparada para evitarnos el dolor, y hace todo lo posible para conseguirlo, incluso despreciando aquella información que no se adapta al patrón aprendido. Es importante tener en cuenta que nunca sabemos lo que va a pasar en el futuro, sólo creemos que lo sabemos. Si llegamos a ser conscientes de ello, tenemos la posibilidad de asimilar toda la información oculta en cada situación y mejorar nuestras reacciones y nuestra experiencia vital.
martes, 18 de diciembre de 2012
Distorsión
Desconfío por norma de la gente que dice que nunca miente, entre otras cosas, porque eso es imposible. Todos mentimos en mayor o menor medida, bien sea para protegernos a nosotros mismos o para proteger a otros. Decir siempre la verdad en todo momento y circunstancias sería un ejercicio insoportable, y nos haría aún más insoportables de cara a los demás. Para vivir en sociedad tenemos que respetar ciertos convencionalismos y unos códigos no escritos que nos faciliten la relación con el resto de las personas que conforman nuestro mundo, y las mentiras ayudan a que las relaciones sociales se desarrollen con una cierta suavidad. Nadie quiere escuchar que ha engordado, que hoy tiene una cara que da pena verle, que como amante es un desastre o que a veces actúa como si fuera tonto. Este comportamiento está tan interiorizado que forma parte de nuestra manera de ser, y todos lo aceptamos tácitamente. Forma parte del juego de las relaciones sociales. Nunca podré creerme nada de lo que me diga alguien que afirme que nunca miente, porque en ese mismo momento ya está mintiendo, y además está viviendo en la peor de las mentiras: una realidad distorsionada en la que se ve a sí mismo como alguien perfecto por encima de los demás.
sábado, 15 de diciembre de 2012
Proyecciones
Si nos parásemos a pensar en nuestras reacciones ante una determinada situación, terminaríamos por reconocer que somos esclavos de nosotros mismos, de nuestros aprendizajes y de la manera en la que los hemos asimilado. Con un poco de análisis podríamos llegar a distinguir entre nuestro comportamiento consciente y la proyección de nuestro comportamiento inconsciente, y saber cuál de los dos nos gobierna en cada momento. El comportamiento inconsciente está almacenado en nuestro cerebro de tal manera que hace que tomemos el todo por la parte. Un ejemplo característico puede ser un niño que nunca ha visto un perro, y por su sentido innato de curiosidad, se acerca al perro y éste le muerde. Esa información, el dolor que ha sentido, queda grabada en la mente del niño como un todo, es decir "los perros son malos", y la siguiente vez en la que se vea en esa situación, y tenga que interactuar con un perro, su mecanismo de defensa le prevendrá para que lo evite y se alejará. El mecanismo de supervivencia que nos ha servido para evolucionar y sortear los peligros, se ha vuelto contra nosotros y nos hace sobre reaccionar a un estímulo que puede ser inofensivo. Lo más importante es que debemos ser conscientes de que nuestro aprendizaje sigue este mismo patrón durante toda nuestra vida, y ante cualquier situación nueva nuestra reacción quedará almacenada como referencia, salvo que seamos capaces de reconducir nuestros esquemas mentales y aprendamos a extraer las consecuencias positivas de todo aprendizaje.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Globalización
Como seres humanos, tenemos una impronta grabada en nuestro comportamiento, o en nuestra manera de razonar, de la que nos resulta muy difícil deshacernos. Asumimos que nuestra forma de ver la vida o de pensar es la mejor y casi la única posible, y que por tanto los demás deberían de estar de acuerdo con nosotros. Cuando no lo están, nos sorprende, y entonces tratamos de convecer al otro a través de nuestras argumentaciones, o si disponemos del poder suficiente, tratamos de imponerlas. Esto nos ocurre a todos los niveles: como seres individuales, como grupos familiares, de amigos, parejas, en el trabajo y en cualquier ámbito de nuestra vida. Este comportamiento lo tenemos tan asumido, que traspasa el ámbito meramente de los individuos y se traslada al comportamiento social. Pensamos que nuestro sistema de vida, nuestra cultura y costumbres son las mejores posibles, y tratamos de imponerlas al resto del mundo, al resto de culturas y sociedades que tienen sus propios comportamientos, que para ellos son válidos y les funcionan. Esta conducta globalizadora es fuente de conflictos, tanto en nuestra vida individual como en nuestra vida como grupo social. La única manera de combatir el conflicto es cultivar la empatía, el ponerse en el lugar del otro. Pero al final, lo que realmente queremos es que el otro se ponga en nuestro lugar, y volvemos al principio.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Nostalgias
No podemos ocultar que somos animales de costumbres. A lo largo de nuestra vida, nos vamos creando unos hábitos y nos rodeamos de una serie de personas, objetos, situaciones y lugares que conforman nuestro paisaje, el paisaje en el que nos habituamos a movermos, a desarrollarnos y en el que nos sentimos a gusto, seguros y cómodos. Es como una proyección de nuestro hogar. En cierto modo, es nuestro hogar ampliado, el mundo en el que vivimos. Lo malo, en muchas ocasiones, es que ese paisaje tan familiar y tan reconocible, se distorsiona por diversas circunstancias, nuestra vida da un cambio a peor por cualquier motivo (y en estos tiempos de crisis motivos no faltan) y perdemos parte de ese paisaje. Entonces nos entra el pánico a la pérdida y queremos aferrarnos a la idea de las cosas que ya no están, buscando en ellas la felicidad que ahora no tenemos. Somos como una mosca intentando atravesar un cristal para salir al exterior, sin darnos cuenta de que a cada intento que hacemos perdemos fuerzas y estamos más lejos de lo que queremos alcanzar. No debemos buscar los lugares o situaciones en los que fuimos felices en el pasado esperando encontrar de nuevo la felicidad en ellos. Ya están amortizados, ya no nos van a hacer felices. La felicidad estará esperándonos más adelante, en otros paisajes, no en la nostalgia.
jueves, 6 de diciembre de 2012
Mercados
En general, no somos conscientes de que la mayoría de las decisiones que tomamos en nuestra vida tienen un trasfondo de teoría económica. No quiero decir que sean por motivos económicos, sino que se rigen por los mismos principios que la economía y los mercados. Pensamos que la economía es una cosa complicada y abstracta que nadie entiende, pero no es así. Nuestro comportamiento como personas responde a un patrón económico. Todos es cuestión de oferta y demanda, y del poder que da la escasez. En cada paso que damos, en cualquier ámbito, estamos tomando una decisión económica: detectamos que tenemos una necesidad que cubrir, por lo que estamos generando una demanda, y buscamos la manera de satisfacer esa necesidad en la oferta que tenemos a nuestro alcance. Da igual si buscamos un centro de estudios, un trabajo, una vivienda, unas vacaciones, amigos o una pareja. El principio es el mismo. De entre todas las posibles opciones que existen en "el mercado de la vida" para satisfacer nuestra necesidad, elegimos aquella o aquellas que están dentro de nuestras posibilidades, y con nuestra elección esperamos obtener un beneficio: la satisfacción de esa necesidad. Eso es la esencia de la economía y de los mercados, y quien gana el juego es el que maneja el poder de la escasez: quien tiene un recurso escaso, puede imponer sus condiciones y puede conseguir un mayor beneficio por su recurso.
martes, 4 de diciembre de 2012
Decisiones
Hace un año, durante un curso acerca de las inversiones en futuros financieros, el monitor del curso dijo una frase que repitió en numerosas ocasiones: la vida es tiempo, decisiones y dinero. A veces se nos olvida, pero realmente es así. La vida son decisiones, y las decisiones deben tomarse en un tiempo determinado. De nada vale tomar una buena o mala decisión si lo hacemos demasiado pronto o demasiado tarde. Aprender cuál es ese momento adecuado es la mayor dificultad a la que nos tenemos que enfrentar. La ansiedad, la impaciencia, la desidia, el miedo al fracaso, al rechazo, al error, la inseguridad, las sensaciones negativas y tantos otros sentimientos juegan en nuestra contra que a veces parece un milagro acertar. Sin embargo, debemos decidir, y tenemos que hacerlo. A veces erraremos, otras acertaremos, pero lo que nunca debemos hacer es arrepentirnos de una decisión si estamos convencidos de que ésa era la mejor opción que teníamos. El resultado será el esperado o no, pero si la decisión era la correcta para nosotros, lo único que hay que hacer es seguir adelante y estar preparados y en alerta para afrontar la siguiente. Mirar hacia atrás no ayuda a caminar hacia adelante.
domingo, 2 de diciembre de 2012
El foso
Imagina que estás en un foso que te supera en altura y del cual no puedes salir, ni siquiera puedes ver el borde. Tienes contigo, ahí abajo en el foso, todo lo que forma parte de tu vida, todas las cosas materiales e inmateriales, todo tu equipaje vital. De pronto, sin previo aviso, empiezan a salir chorros de agua de unos agujeros en los muros del foso. Los boquetes se abren aleatoriamente, y nunca sabes dónde surgirá el siguiente. El agua empieza a inundar el foso y a estropear y a hacer desaparecer tus cosas. Naturalmente, tu intentas ponerlas a salvo, pero cada vez hay más agujeros y el agua no cesa de caer, así que tu pensamiento racional te dice que tienes que conseguir parar el agua, valiéndote de lo que tienes: tus manos y los objetos, recordemos, materiales e inmateriales, que hay en tu vida. Primero sacrificas los menos valiosos e intentas salvaguardar los más importantes, pero pronto descubres que no es suficiente, que sólo tienes dos manos y no dan abasto. Es una batalla perdida de antemano. El agua sigue subiendo y cada vez quedan menos cosas de tu vida, hasta que todo, hasta lo más importante, desaparece en el fondo del foso y se pierde para siempre. En ese momento en el que ya no tienes nada, solo te quedan dos opciones, dejarte llevar, rendirte y perecer ahogado, o intentar nadar y mantenerte y subir con el nivel del agua hasta que llegues al borde del foso y puedas salir, esté donde esté. Tu eliges. Esto es la vida.
Parálisis
En el momento en que decidimos dar un cambio a nuestra vida, sobre todo si lo hacemos condicionados por situaciones adversas, es habitual que nos enfrentemos a la parálisis que nos produce el temor a lo desconocido. En nuestras mentes está grabado desde hace siglos el manido y poco acertado "cualquier tiempo pasado fue mejor". No es cierto. El tiempo pasado es pasado, nunca va a volver, nunca lo vamos a vivir de nuevo, nunca lo vamos a recuperar. Pudo ser mejor o peor, pero fue, no es ni será. No podemos vivir instalados en el recuerdo del pasado pues si hacemos eso estaremos perdiendo el futuro. El futuro, en el hoy de cada uno de nosotros, no existe, lo iremos construyendo con nuestras decisiones y nuestros actos, y debemos ser conscientes de que serán precisamente nuestras decisiones las que lo determinen. Tenemos la tentación de buscar excusas, culpar a lo de fuera y escondernos dentro de la comodidad de nuestra zona de seguridad. Escuchamos a mucha gente decir que no les gusta su vida, ni su trabajo, ni su pareja, pero no hacen nada para cambiarlos. Están cómodos en esa zona de seguridad y no quieren arriesgar para conseguir lo que desean por el miedo a perder esa zona de confort, de la seguridad de lo conocido. No es fácil, pero no es imposible. Solo hace falta decidirse, y seguir adelante aunque duela.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Caminos
Desde que nacemos empezamos a buscar nuestro camino en la vida. Atravesamos etapas y en cada una de ellas ganamos y perdemos algo, obtenemos recompensas y cicatrices, y todo forma parte de nosotros. Constantemente nos planteamos, o deberíamos hacerlo, nuevos objetivos que deseamos alcanzar y en muchas ocasiones nos sentimos frustrados por no conseguirlos. ¿Qué ha fallado? es la pregunta más habitual que nos hacemos después. En cualquier tratado de "coaching", que ahora tanto abundan, nos dan la fórmula mágica para conseguir cualquier objetivo: saber lo que queremos, saber de dónde partimos y recorrer el camino desde donde estamos hasta donde queremos llegar. Parece fácil, y lo sería... si conociéramos las tres premisas. En ese caso no necesitaríamos un "coach" (en castellano, un entrenador si nos referimos a preparación física, o un mentor, palabra casi en desuso, si hablamos de entrenamiento intelectual). Pero podemos fallar al fijar nuestro objetivo y creer que deseamos algo que en realidad no queremos, o cuyo coste de consecución es superior al beneficio que esperamos obtener, y no me refiero a esfuerzo económico. También podemos fallar al recorrer el camino, escogiendo los caminos equivocados para intentar llegar al destino correcto, y no llegar nunca. Pero lo más habitual es fallar en el inicio, en saber dónde estamos. Saber dónde estamos, de dónde partimos, es vital para conseguir nuestro objetivo. Saber dónde estamos implica conocer nuestra situación, nuestras capacidades, nuestras virtudes, y sobre todo, nuestros defectos y debilidades. Si no somos capaces de reconocer en qué podemos fallar, no podremos poner solución a esas situaciones. Nos son nuestras virtudes las que nos van a llevar al final del camino, al objetivo. Son nuestros defectos y debilidades las que nos pueden dejar tirados en el camino, perdidos y desorientados, si no somos capaces de aprovechar aquello que nos hace débiles para ser más fuertes.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Sabotajes
A veces tenemos la impresión de que la vida nos sabotea cada vez que queremos hacer algo que consideramos beneficioso para nosotros. Sin embargo, esto no es más que una forma de autoengaño, una manera de descargar la responsabilidad de nuestras acciones. La "vida", así considerada como un ente abstracto, no tiene ningún sentido, pues no es algo que pueda intervenir en nosotros, sino todo lo contrario. La "vida" son los sucesos que nos acaecen en nuestra cronología vital y lo que nosotros hacemos con ellos, y el resultado depende de cómo seamos capaces de afrontarlos, de nuestros actos y decisiones. Querer eludir nuestra responsabilidad en lo que nos ocurre es reconocer que no somos capaces de vivir conforme a nuestras convicciones, y que dejamos en manos de los demás las decisiones que debemos tomar nosotros. Hay veces en las que nuestras elecciones son las correctas en el momento adecuado y las cosas nos salen bien, entonces pensamos que somos unos genios y nos sentimos satisfechos con nosotros mismos; en otras, tomamos decisiones equivocadas en los peores momentos y todo nos va mal, y culpamos a la mala suerte que se ceba con nosotros. Y a veces nos desesperamos ante sucesos que no podemos controlar porque no dependen de nosotros, en lugar de centrarnos en las cosas que sí podemos controlar. La única opción que tenemos para llevar el camino que queremos es manejar conforme a nuestra voluntad lo que depende de nosotros y estar preparados para aprovechar la mejor opción que nos briden los imponderables que se puedan presentar. Intentar controlar lo incontrolable no tiene sentido y nos lleva a la desesperación y la frustración.
martes, 20 de noviembre de 2012
El despertar
Ahora mismo, somos una sociedad en estado de shock. Estamos igual que cuando nos despertamos de un sueño placentero y no queremos abrir los ojos, esperando que de esa manera el sueño vuelva y podamos seguir disfrutándolo. Hemos vivido tiempos de bonanza que de repente han desaparecido, se nos han escapado entre las manos mientras nosotros estábamos en otras cosas, y ni siquiera nos hemos dado cuenta de cómo o cuándo ha sido. La escasez, los ajustes, la pérdida de derechos y la falta de oportunidades nos han dejado grogui. Somos un boxeador sonado a punto de desplomarse, con la única esperanza de que suene la campana salvadora, para tener al menos la oportunidad de pelear un asalto más. Siempre es fácil hacer el viaje de abajo hacia arriba, de la escasez a la abundancia. Lo difícil es el recorrido opuesto, el del todo a la nada. Para este viaje, sólo tenemos nuestra voluntad para superar los obstáculos y la certeza de que nadie de fuera nos puede ayudar. Es el momento de volverse a uno mismo y reinventarse, sin mirar atrás, pues lo que dejamos de hacer en el pasado no nos sirve para construir el futuro. Seríamos estúpidos si haciendo siempre lo mismo esperásemos un resultado diferente.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Oxidado
Las cosas se olvidan. Es cierto. No es que se me haya olvidado escribir (espero...), pero sí es cierto que me cuesta mucho más que antes, cuando lo hacía a diario. Ahora parece que se levanta un muro entre los pensamientos que revolotean por la cabeza y el camino que los lleva a los dedos para que se desborden por las teclas del ordenador. No consigo expresar con palabras concretas sensaciones abstractas, no soy capaz de bajar del limbo esas cosas que quiero soltar fuera y que no se dejan atrapar. Pero en la vida todo es cuestión de práctica, y de experiencia. Espero que dentro de poco pueda escribir algo más interesante que estas divagaciones demasiado personales como para que a alguien le puedan interesar. Llegarán tiempos mejores, llegarán las primaveras, pero antes tendré que pasar estos inviernos, y tendré que navegar estos tiempos de mares tempestuosos lo mejor que sepa. Solo espero que desaparezca la parálisis y ser capaz de contarlo.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Back again...
Muchos meses sin escribir nada aquí. Años. Se dice pronto, pasan pronto. Creo que lo fui dejando de lado porque llegó un momento en el que no encontraba sentido a seguir escribiendo estas entradas. O porque se me acabaron las ideas. Es un rasgo curioso de mi forma de ser. Un defecto. Me disperso mucho. Me gusta saber mucho de muchas cosas, pero en un tiempo limitado como tenemos, no encuentro la motivación ni la oportunidad de profundizar en ninguna. Soy aprendiz de todo y maestro de nada. No lo puedo evitar. O quizás sí podría, pero dudo que eso me hiciera sentir mejor. Me pasa con todo: aficiones, amigos, trabajos... todo. Cuando algo me engancha, dedico toda mi energía a ello, pero en el momento en que deja de interesarme, me alejo con la misma rapidez. Por eso supongo que llegó un momento en el que no encontraba el "tempo" o la inspiración para escribir, para seguir desnudándome, y lo dejé. Y ahora estoy de vuelta, como decían unos versos que tengo grabados en la memoria desde hace años, y de los que no recuerdo el autor, "por el otoño adelante, con el otoño a cuestas, ocupadas las manos en lo que ya tenía".
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