sábado, 15 de diciembre de 2012

Proyecciones

Si nos parásemos a pensar en nuestras reacciones ante una determinada situación, terminaríamos por reconocer que somos esclavos de nosotros mismos, de nuestros aprendizajes y de la manera en la que los hemos asimilado. Con un poco de análisis podríamos llegar a distinguir entre nuestro comportamiento consciente y la proyección de nuestro comportamiento inconsciente, y saber cuál de los dos nos gobierna en cada momento. El comportamiento inconsciente está almacenado en nuestro cerebro de tal manera que hace que tomemos el todo por la parte. Un ejemplo característico puede ser un niño que nunca ha visto un perro, y por su sentido innato de curiosidad, se acerca al perro y éste le muerde. Esa información, el dolor que ha sentido, queda grabada en la mente del niño como un todo, es decir "los perros son malos", y la siguiente vez en la que se vea en esa situación, y tenga que interactuar con un perro, su mecanismo de defensa le prevendrá para que lo evite y se alejará. El mecanismo de supervivencia que nos ha servido para evolucionar y sortear los peligros, se ha vuelto contra nosotros y nos hace sobre reaccionar a un estímulo que puede ser inofensivo. Lo más importante es que debemos ser conscientes de que nuestro aprendizaje sigue este mismo patrón durante toda nuestra vida, y ante cualquier situación nueva nuestra reacción quedará almacenada como referencia, salvo que seamos capaces de reconducir nuestros esquemas mentales y aprendamos a extraer las consecuencias positivas de todo aprendizaje.

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