Necesitamos hacer paréntesis de vez en cuando en nuestras vidas. Las vacaciones son uno de esos periodos en los que todo parece que queda en suspenso, y más en estas fechas navideñas, a las que, por tradición, les hemos asignado el papel de familiares y entrañables. La publicidad, el ambiente en las calles, la música, todo nos lleva a un estado de melancolía alegre que nos hace disfrutar más de la compañia de la familia y los amigos. Parece que es una obligación estar en un estado de euforia controlada, y quien no lo está desentona. Compartir ese estado de ánimo a través de los regalos o los adornos en las casas es también algo imprescindible. Ayudados por la conciencia colectiva, nos rodeamos de toda la parafernalia necesaria para que eso funcione, y de la misma manera que nos sumergimos en ella, la abandonamos con rapidez cuando se pasan las fechas señaladas y se cierra el cliclo hasta el siguiente año. Entonces cerramos paréntesis y volvemos a la realidad, y nos encontramos con que nada ha cambiado, los problemas siguen ahí y las soluciones están esperando a que las encontremos. Vuelve el ciclo largo, el ciclo de la vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario