Lo que sabemos y lo que creemos son dos cosas muy diferentes que solemos confundir, y eso nos hace cometer errores en nuestras reacciones ante los estímulos que recibimos en el día a día. Lo que sabemos es lo que hemos aprendido, la experiencia que nuestro cerebro ha acumulado en base a sucesos anteriores y que hemos almacenado asociada al resultado de los mismos, es decir, si ese suceso nos ha proporcionado satisfacción o dolor emocional. Cuando extrapolamos lo que sabemos para intentar anticipar el futuro, estamos aplicando hacia adelante unos conocimientos adquiridos hacia atrás. Cada situación es diferente a todas las anteriores, y aunque tengan similitudes, siempre hay factores subyacentes que pueden alterar el resultado final. Es en este caso cuando confundimos lo que sabemos con lo que creemos: sabemos que en una situación similar en el pasado el resultado fue uno en concreto, el que tenemos almacenado en nuestro cerebro, y al enfrentarse a unas circunstancias parecidas, nuestra mente rescata ese recuerdo y hace que lo tomemos por certeza, adecuando nuestras reacciones a los sucesos pasados, sin tener en cuenta los factores diferenciadores de cada situación. Nuestra mente está preparada para evitarnos el dolor, y hace todo lo posible para conseguirlo, incluso despreciando aquella información que no se adapta al patrón aprendido. Es importante tener en cuenta que nunca sabemos lo que va a pasar en el futuro, sólo creemos que lo sabemos. Si llegamos a ser conscientes de ello, tenemos la posibilidad de asimilar toda la información oculta en cada situación y mejorar nuestras reacciones y nuestra experiencia vital.
No hay comentarios:
Publicar un comentario