Desde que nacemos empezamos a buscar nuestro camino en la vida. Atravesamos etapas y en cada una de ellas ganamos y perdemos algo, obtenemos recompensas y cicatrices, y todo forma parte de nosotros. Constantemente nos planteamos, o deberíamos hacerlo, nuevos objetivos que deseamos alcanzar y en muchas ocasiones nos sentimos frustrados por no conseguirlos. ¿Qué ha fallado? es la pregunta más habitual que nos hacemos después. En cualquier tratado de "coaching", que ahora tanto abundan, nos dan la fórmula mágica para conseguir cualquier objetivo: saber lo que queremos, saber de dónde partimos y recorrer el camino desde donde estamos hasta donde queremos llegar. Parece fácil, y lo sería... si conociéramos las tres premisas. En ese caso no necesitaríamos un "coach" (en castellano, un entrenador si nos referimos a preparación física, o un mentor, palabra casi en desuso, si hablamos de entrenamiento intelectual). Pero podemos fallar al fijar nuestro objetivo y creer que deseamos algo que en realidad no queremos, o cuyo coste de consecución es superior al beneficio que esperamos obtener, y no me refiero a esfuerzo económico. También podemos fallar al recorrer el camino, escogiendo los caminos equivocados para intentar llegar al destino correcto, y no llegar nunca. Pero lo más habitual es fallar en el inicio, en saber dónde estamos. Saber dónde estamos, de dónde partimos, es vital para conseguir nuestro objetivo. Saber dónde estamos implica conocer nuestra situación, nuestras capacidades, nuestras virtudes, y sobre todo, nuestros defectos y debilidades. Si no somos capaces de reconocer en qué podemos fallar, no podremos poner solución a esas situaciones. Nos son nuestras virtudes las que nos van a llevar al final del camino, al objetivo. Son nuestros defectos y debilidades las que nos pueden dejar tirados en el camino, perdidos y desorientados, si no somos capaces de aprovechar aquello que nos hace débiles para ser más fuertes.
Vivimos en un mundo plano y al mismo tiempo lleno de aristas. Somos rehenes de la mediocridad y la uniformidad, y luchamos para vivir la ilusión de sentirnos diferentes. Tenemos una sociedad gris, en la que los poderes dominantes son esclavos de lo políticamente correcto y legislan pensando en el titular de mañana y en el beneficio personal de pasado mañana.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
lunes, 26 de noviembre de 2012
Sabotajes
A veces tenemos la impresión de que la vida nos sabotea cada vez que queremos hacer algo que consideramos beneficioso para nosotros. Sin embargo, esto no es más que una forma de autoengaño, una manera de descargar la responsabilidad de nuestras acciones. La "vida", así considerada como un ente abstracto, no tiene ningún sentido, pues no es algo que pueda intervenir en nosotros, sino todo lo contrario. La "vida" son los sucesos que nos acaecen en nuestra cronología vital y lo que nosotros hacemos con ellos, y el resultado depende de cómo seamos capaces de afrontarlos, de nuestros actos y decisiones. Querer eludir nuestra responsabilidad en lo que nos ocurre es reconocer que no somos capaces de vivir conforme a nuestras convicciones, y que dejamos en manos de los demás las decisiones que debemos tomar nosotros. Hay veces en las que nuestras elecciones son las correctas en el momento adecuado y las cosas nos salen bien, entonces pensamos que somos unos genios y nos sentimos satisfechos con nosotros mismos; en otras, tomamos decisiones equivocadas en los peores momentos y todo nos va mal, y culpamos a la mala suerte que se ceba con nosotros. Y a veces nos desesperamos ante sucesos que no podemos controlar porque no dependen de nosotros, en lugar de centrarnos en las cosas que sí podemos controlar. La única opción que tenemos para llevar el camino que queremos es manejar conforme a nuestra voluntad lo que depende de nosotros y estar preparados para aprovechar la mejor opción que nos briden los imponderables que se puedan presentar. Intentar controlar lo incontrolable no tiene sentido y nos lleva a la desesperación y la frustración.
martes, 20 de noviembre de 2012
El despertar
Ahora mismo, somos una sociedad en estado de shock. Estamos igual que cuando nos despertamos de un sueño placentero y no queremos abrir los ojos, esperando que de esa manera el sueño vuelva y podamos seguir disfrutándolo. Hemos vivido tiempos de bonanza que de repente han desaparecido, se nos han escapado entre las manos mientras nosotros estábamos en otras cosas, y ni siquiera nos hemos dado cuenta de cómo o cuándo ha sido. La escasez, los ajustes, la pérdida de derechos y la falta de oportunidades nos han dejado grogui. Somos un boxeador sonado a punto de desplomarse, con la única esperanza de que suene la campana salvadora, para tener al menos la oportunidad de pelear un asalto más. Siempre es fácil hacer el viaje de abajo hacia arriba, de la escasez a la abundancia. Lo difícil es el recorrido opuesto, el del todo a la nada. Para este viaje, sólo tenemos nuestra voluntad para superar los obstáculos y la certeza de que nadie de fuera nos puede ayudar. Es el momento de volverse a uno mismo y reinventarse, sin mirar atrás, pues lo que dejamos de hacer en el pasado no nos sirve para construir el futuro. Seríamos estúpidos si haciendo siempre lo mismo esperásemos un resultado diferente.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Oxidado
Las cosas se olvidan. Es cierto. No es que se me haya olvidado escribir (espero...), pero sí es cierto que me cuesta mucho más que antes, cuando lo hacía a diario. Ahora parece que se levanta un muro entre los pensamientos que revolotean por la cabeza y el camino que los lleva a los dedos para que se desborden por las teclas del ordenador. No consigo expresar con palabras concretas sensaciones abstractas, no soy capaz de bajar del limbo esas cosas que quiero soltar fuera y que no se dejan atrapar. Pero en la vida todo es cuestión de práctica, y de experiencia. Espero que dentro de poco pueda escribir algo más interesante que estas divagaciones demasiado personales como para que a alguien le puedan interesar. Llegarán tiempos mejores, llegarán las primaveras, pero antes tendré que pasar estos inviernos, y tendré que navegar estos tiempos de mares tempestuosos lo mejor que sepa. Solo espero que desaparezca la parálisis y ser capaz de contarlo.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Back again...
Muchos meses sin escribir nada aquí. Años. Se dice pronto, pasan pronto. Creo que lo fui dejando de lado porque llegó un momento en el que no encontraba sentido a seguir escribiendo estas entradas. O porque se me acabaron las ideas. Es un rasgo curioso de mi forma de ser. Un defecto. Me disperso mucho. Me gusta saber mucho de muchas cosas, pero en un tiempo limitado como tenemos, no encuentro la motivación ni la oportunidad de profundizar en ninguna. Soy aprendiz de todo y maestro de nada. No lo puedo evitar. O quizás sí podría, pero dudo que eso me hiciera sentir mejor. Me pasa con todo: aficiones, amigos, trabajos... todo. Cuando algo me engancha, dedico toda mi energía a ello, pero en el momento en que deja de interesarme, me alejo con la misma rapidez. Por eso supongo que llegó un momento en el que no encontraba el "tempo" o la inspiración para escribir, para seguir desnudándome, y lo dejé. Y ahora estoy de vuelta, como decían unos versos que tengo grabados en la memoria desde hace años, y de los que no recuerdo el autor, "por el otoño adelante, con el otoño a cuestas, ocupadas las manos en lo que ya tenía".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


