lunes, 29 de marzo de 2010

OTROS MUNDOS

A veces tengo la sensación de que hay otros mundo detrás de la consciencia en la que vivimos. No se por qué, pero desde lo más profundo de mi mente me asalta la idea que hay una barrera invisible que separa los acontecimientos del día a día, lo aprendido y lo olvidado, lo vivido, lo sufrido, todo lo que compone el bagaje de recuerdos que forman la personalidad y determinan lo que soy ahora, de otra realidad, de otro mundo que vive también ahí dentro y que no soy capaz de visualizar. Hay días en los que tengo casi la certeza de que en algún lugar dentro de mi cerebro, escondida en un rincón que siempre pasa desapercibido, hay una puerta a ese otro mundo, que también soy yo mismo. A veces, incluso, tengo la sensación de que estoy a punto de llegar al lugar y el momento en que pueda acceder a ese nuevo mundo, no se si por casualidad o por voluntad, pero por alguna causa que no llego a comprender, nunca consigo llegar. Ni siquiera puedo imaginar cómo es ese otro mundo. No es lo que veo en sueños, ni es lo que pueda llegar a imaginar. Es algo que se que está ahí, que puede ser fabuloso o terrorífico, que puede ser igual de anodino que la realidad de la que sí tengo conciencia, que se resite a aparecer y se cierra conforme intuyo que de alguna manera me acerco, y profundiza en su madriguera, un poco más adentro, un poco más lejos, un poco más oculto. Muchas veces tengo la sensación de que lo mejor de mí mismo se oculta en ese otro mundo, al otro lado de la pared que no existe y no veo, y no soy capaz de traerlo a este lado. Es por eso por lo que a veces todo me parece gris y plano, porque se que en alguna parte hay un mundo en color y lleno de relieves, de luces y de sombras, que me pertenece y se me resiste al mismo tiempo.

viernes, 19 de marzo de 2010

INVENTARIO DE FRACASOS

Hace unos años, cuatro aproximadamente, decidí dar un giro a mi vida y cambiar muchas de las cosas que no me gustaban, que eran bastantes. Como resultado de ese proceso, hoy soy una persona diferente, yo creo que mejor, pero eso son los demás quienes deben juzgarlo. Hubo un momento en el que por cada nuevo reto u oportunidad que decidía asumir o enfrentar, me colocaba una de estas pulseras. He tenido éxito en muchos de los procesos, pero también he tenido fracasos. Estas tres pulseras representan los tres fracasos más importantes y más dolorosos. Son un recuerdo permanente de que hay que ser fuerte para sobrevivir y saber asimilar los malos momentos para salir reforzado de ellos, y siempre seguir adelante con actitud positiva y esperando siempre lo mejor, pues as long as we belive, the best is yet to come.

LA ERA DE LA IRRESPONSABILIDAD


Hemos cedido el control y la evaluación de los riesgos que nos rodean a los poderes públicos, y nos descargamos de toda responsabilidad, sin asumir que debemos ser conscientes de nuestra existencia y que tenemos una responsabilidad para con nosotros mismos en el momento de tomar nuestras decisiones. Es lo que durante siglos, y hasta muy al final del siglo XX, se ha conocido como sentido común, y que ha ayudado a la especie humana a sobrevivir en todo tipo de circunstancias desde los tiempos de las sabanas africanas hasta ahora.

Imaginad esta escena: un australopitecus afarensis abandona en plena noche el abrigo en el que pernoctan él (o ella) y sus congéneres y se va a dar un paseo bajo las estrellas, porque sí, porque está melancólico, porque ha comido unas bayas fermentadas y está flipando con los puntitos brillantes o porque le sale de las narices. Apenas ha dado unos pocos pasos, cuando una sombra surge de la nada desde los matorrales, le derriba y le destroza la yugular. No llega a comprender lo que le ocurre, tan sólo siente unos colmillos atravesándole la garganta y el aliento mal oliente de la sombra mientras que el aire escapa de sus pulmones para no volver. Nadie en el grupo se extraña de lo ocurrido. Como se diría coloquialmente, se lo había buscado.
Siglo XXI: aventurero de domingo tipo "pánama jack" quiere remontar el Amazonas haciendo títeres a lomos de los cocodrilos, porque le han dicho que eso es "cool". Avanza confiado hacia la orilla y al divisar a los cocodrilos se dirige hacia ellos con paso firme y decidido. El primer cococrilo que se encuentra le lanza una dentellada, pero el intrépido indiana jones consigue esquivarla; el segundo le trinca por el muslo y se sirve la cena. ¿La culpa? De las autorirades de la zona por no tener a los cocodrilos amaestrados y no haberles enseñado que no hay que comer aventuros, encima que van por allí a hacerse la foto a beneficio de los pobrecitos indígenas.
Nos hemos acostumbrado a que otros tomen las decisiones por nosotros, y por tanto, a que otros asuman las responsabilidades inherentes a nuestros actos, y nos estamos convirtiendo en muñecos teledirigidos, en títeres manejados por los poderes de turno (de cualquier campo: política, sanidad, trabajo, cultura, ciencia, deporte,...) que pretenden decirnos qué, cuándo, dónde y cómo pensar, y además nos hacen creer que somos nosotros quienes decidimos. Mentes dormidas en cuerpos dormidos.


domingo, 14 de marzo de 2010

LA MUERTE DE UN ESCRITOR

Este fin de semana murió Miguel Delibes, un gran escritor, y por lo que cuentan de él, también una gran persona. De sus obras no voy a hablar, ahí están para que quien quiera leerlas lo haga. Cada uno sentirá sus palabras de una manera diferente y las interiorizará a su manera. Por mi parte, tengo que decir que la impresión que me causó su última obra, "El hereje", perdura años después de haberla leido. Creo que es un relato magistral de cómo los límites entre un mundo y otro, entre lo que consideramos el bien y el mal, son mucho más difusos de lo que puede parecer, y que muchas veces, podemos pasar a ser "el otro", el odiado, el repudiado, el indeseable, casi sin darnos cuenta, como una consecuencia natural de nuestras mejores intenciones.

Soy madrileño de nacimiento, y castellano viejo de adopción. Los mejores recuerdos de mi infancia están en gran parte ligados a las temporadas pasadas en un pequeño pueblo de Burgos. Ahora, por motivos de trabajo, recorro casi todas las semanas las llanuras del occidente de Castilla y León, y aún siguen impresionándome y sobrecogiéndome, como metáfora de la soledad, la grandeza y sobre todo, la dignidad de quien sabe que carece de todo, menos de su orgullo por ser persona. Quizás por eso las obras de Delibes me emocionan profundamente.


Pero no es de esto de lo que quería escribir. Mi intención es llamar la atención acerca del despliegue que se ha producido en todos los medios, abriendo informativos y aparcando las noticias políticas, los sucesos y las estupideces habituales en todos los noticiarios y relegándolas a un segundo plano. Seguramente mucha gente que haya visto esas extensas reseñas y largos reportajes no tedrá ni idea de quién era este fulano, pero para los que todavía nos emocionamos con un relato y somos capaces de cerrar los ojos e imaginar cualquier mundo sin salir de nosotros mismos, ha sido una gran tristeza saber que un gran narrador no está ya entre nosotros, y que perdemos una posibilidad de vivir nuevas vidas a traves de la magia de las palabras. Sentimos una gran tristeza, pero no una pérdida. Siempre he pensado que uno realmente muere cuando en la tierra no queda nadie que le recuerde, por eso Miguel Delibes, como tantos otros, será inmortal, porque su obra seguirá siendo leída, estudiada, recordada y disfrutada. Dentro de cada uno de nosotros vive un poquito de cada uno de los escritores que nos han hecho vivir.
 
 

sábado, 13 de marzo de 2010

DIA 1

Lo reconozco, soy nuevo en esto de escribir opinión. Es posible que ni siquiera tenga un punto de vista interesante u original acerca de las cosas que ocurren. Es probable incluso que pueda resultar insustancial y poco atractivo para quienes, bien por casualidad, bien recomendados u obligados por una cierta amistad, caigan sobre estas entradas. Ese es un riesgo que estoy dispuesto a correr, entre otras razones, porque me da bastante igual lo que piensen de mi las personas que no conozco. Afortunadamete, o no, nunca se puede estar seguro del todo, estoy en un punto de mi vida en el cual tengo mis prioridades bastante definidas. Tengo muchos sueños y deseos por realizar, y soy consciente de que buena parte de ellos quedarán sólo en eso, en sueños, y no me preocupa. Mi principal objetivo es no sentirme gris, no sentir que formo parte de la anodina realidad que  nos envuelve y uniforma.