viernes, 17 de enero de 2014

Daños colaterales

El nuevo mantra de nuestros gobernantes es que la crisis ha terminado y que a partir de ahora, y por poco que nos esforcemos, dentro de nada vamos a comer centollo casi a diario. Hoy estoy generoso y voy a concederles que lo que dicen es verdad. La crisis que estamos sufriendo ha sido como un terremoto que ha arrasado la estructura del estado del bienestar que se contruyó durante tantos años y tantos gobiernos diferentes con ideologías diferentes, no lo olvidemos. En el fondo ha sido una guerra económica, que sin duda la mayoría hemos perdido, pues nuestro nivel de vida hoy no tiene nada que ver con el nivel de vida que teníamos hace seis años. Hay una reflexión que viene a decir que en la guerra hay vencedores y vencidos, pero que todos son perdedores. Y en esta guerra, como en todas, van a quedar en el camino muchos cadáveres víctimas de la artillería propia, en forma de millones de parados, de millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza, de cientos de miles de familias que debido a deshaucios o a negocios arruinados quedarán endeudadas para siempre y con muy poca capacidad de reacción para poder rehacer sus vidas. Colectivos, como los mayores de 45 ó 50 años, a los que cada año que pasa sin que encuentren trabajo, la edad les marca como un estigma a la hora de acceder de nuevo al mercado laboral. ¿Qué planes hay para integrar a todas estas personas en el sistema? Ninguno. En toda guerra se asume que en cada bando se van a producir víctimas debido a decisiones o cálculos erróneos que van a afectar y a causar bajas en el propio bando. Es el fuego amigo. Los supervivientes pasan por encima de ellos, sueltan una lágrima fugaz y siguen adelante con sus vidas. La máquina no se puede parar. Y eso se asume con la naturalidad de lo inevitable, se cuenta con ello. Son los daños colaterales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario