En sentido estricto, todos somos patriotas. A todos nos tira la patria, la tierra en la que nacemos y crecemos, en la que nos educamos y nos hacemos personas. Da igual si uno ha nacido en Madrid, Barcelona, Vigo o Matanza de Soria. A todos nos gusta nuestra tierra y todos somos capaces de encontrar motivos de orgullo por haber nacido allí y no en otro lugar. En cierto modo, es un sentimiento irracional, más relacionado con la sensación de seguridad que nos da sabernos integrados en un colectivo o en unas determinadas estructuras y costumbres sociales que con el hecho de nacer en un sitio concreto. Casi cualquier persona de este mundo se siente orgulloso de ser del lugar al que pertenece, por muy mala que sea su situación o injustas sus condiciones de vida. Es irracional porque nadie elige el lugar en el que nace, éste es fruto de una serie de casualidades que se forjan durante muchos años y generaciones antes de nuestro nacimiento y en las que no intervenimos para nada, pero aún así, nos sentimos satisfechos y nos tira la patria chica. Nos sentimos identificados con ella, con sus gentes y sus costumbres comunes. La Nación es otra cosa. Es una estructura política diseñada para organizar unos grupos sociales que comparten unos valores básicos comunes y muchas diferencias internas, y generalmente, es el resultado de la necesidad de hacer frente al empuje de otras naciones. No son términos equivalentes, pero son compatibles. De cada uno depende el significado y el alcance que demos a cada uno de esos términos. No se pueden aplicar por igual a todas las sensibilidades, y ese es un error común cuando alguien coge una bandera para reivindicar su patria por encima de las demás.
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