Hay periodos en los que parece que nos quedamos vacíos, en los que lo único que nos apetece es dejar pasar el tiempo sin preocuparnos mucho por lo que ocurre alrededor. En mi caso, coinciden a menudo con los cambios del tiempo, como el que vivimos estos días. Estos cambios tan bruscos me producen la sensación de quedarme vacío de golpe, y me cuesta unos días volver a coger el ritmo y volver a tener las energías necesarias para enfocarme y retomar las pequeñas rutinas que marcan nuestro día a día. Son periodos de remanso, como cuando se vacía un dique y se empieza a llenar poco a poco hasta que de nuevo llega a rebosar y vuelve a dejar escapar el agua por encima del borde. Es una sensación de estar como en pausa, suspendido, con las funciones mínimas activadas, con las palabras jugando al escondite en algún lugar indeterminado sin ganas de mostrarse, a la espera de que algo active el botón de encendido y todos los circuitos se pongan a funcionar de nuevo.
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