Hoy en día, uno de los principales problemas que tenemos es la crisis de confianza, tanto a nivel colectivo, en tanto que sociedad, como a nivel individual, cada uno de nosotros independientemente. Debido a esa falta de confianza en la situación que nos ha tocado vivir, y a la falta de autoconfianza en nuestras propias posibilidades, tenemos aversión a tomar decisiones comprometidas, y nos conformamos con lo que ya tenemos, tan sólo por no arriesgarnos a perderlo, aún a coste de poder conseguir algo mejor. La falta de autoconfianza es un motor negativo muy poderoso: nuestras capacidades reales nunca aparecen, tan sólo mostramos una versión descafeinada de ellas, bien sea por miedo al fracaso, por miedo a lo que los demás puedan pensar de nosotros o, lo que es peor, porque nosotros mismos no seamos capaces de ver el potencial que tenemos y que aún no hemos desarrollado. La autoconfianza es una habilidad, no una característica de nuestra personalidad. Si nos fijamos metas a corto plazo y somos capaces de poner todos nuestros recursos para conseguirlas, paso a paso nos iremos sintiendo seguros y seremos capaces de demostrar lo que podemos conseguir. El mayor error que podemos cometer es fijarnos metas demasiado grandes y que excedan nuestras posibilidades reales en el momento de acometerlas. Imperdonable sería ni siquiera intentarlo. Como reza el proverbio, un viaje de mil millas empieza con un simple paso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario