Tenemos una tendencia innata a descartar aquello que no nos gusta o que no está conforme a lo que nosotros queremos o deseamos ver. En estas situaciones, a menudo nos cae una venda en los ojos y nos somos capaces de percibir los signos que nos indican que estamos equivocados. Queremos que la realidad se acomode a nuestras creencias o deseos, y aunque sabemos que eso no es posible, no perdemos la esperanza de que ocurra. A nivel personal, es una situación que nos puede llevar al desengaño o a la frustación, al ver que nuestras metas siempre se quedan lejos de nuestros logros. A nivel laboral, nos lleva a tener una percepción irreal de nuestras capacidades y a sobrevalorar o infravalorar nuestra aptitud, abocándonos a trabajos poco satisfactorios. Y si quien se pone la venda es un presidente de Gobierno que dice estar muy satisfecho con el resultado de su reforma laboral, proclamando su bondad y beneficios, a pesar de que ésta ha generado un millón doscientosmil parados en poco más de un año y ha precarizado los contratos de millones de trabajadores, esa venda en los ojos nos conduce directos al abismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario