La única diferencia que hay entre una tela de araña y un capullo de seda es la organización, la disposición de los hilos que componen ambas estructuras. A todos nos gustaría tejer nuestra vida como una telaraña: armónica, elegante, equilibrada, con la cantidad justa de nudos e hilos, de huecos y soportes, y movernos en todas direcciones con la misma facilidad que lo hace una araña, casi levitando sobre ese suelo delicado pero tremendamente fuerte, liviano pero ultra resistente. Sin embargo, casi nunca somos capaces de conseguirlo. En cuanto que empezamos a tejer el hilo, lo perdemos y actuamos como un gusano de seda, nos enredamos con nuestros propios hilos, y a veces con los hilos que los demás van dejando en nuestro camino, hasta que en lugar de tener una superficie sobre la que desarrollarnos, acabamos encerrados en nuestro propio capullo de sedas absurdas, caóticas y sin sentido. En lugar de levitar perdemos el tiempo en embarrarnos en conflictos improductivos y después de que el capullo se endurezca y se convierta en coraza, tendremos suerte si al final salimos transformados en mariposas y no nos escaldan para aprovechar la seda. Siempre he preferido ser una araña, pero es increíble la cantidad de gente que hay empeñada en que te comportes como un gusano. Nadie lo ha conseguido hasta ahora y nadie lo va a conseguir nunca.
El mundo es como una tela de araña,detrás de cuya fragilidad está acechándote la nada"
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