lunes, 13 de mayo de 2013

Fuera de cobertura

Es una experiencia interesante, y que recomiendo a todo el mundo: estar un día (sólo un día), con el teléfono móvil apagado. Yo lo hice ayer. Me olvidé del móvil y me dediqué a disfrutar del día sin más, aprovechando el tiempo libre y compartiéndolo con quien quiso estar a mi lado en un lugar fuera de cobertura. El tiempo pasó agradablemente despacio y lo pude disfrutar sin prisas. Al volver "a la civilización", había más de cincuenta mensajes esperando a ser leídos y varias llamadas perdidas esperando a ser respondidas. Nada más. No se había acabado el mundo, ni ocurrió nada que no pudiera esperar unas horas para ser atendido. A veces deberíamos pararnos a pensar en el uso que hacemos de la tecnología y hasta que punto nos dejamos esclavizar por ella. No hace tantos años, salir de vacaciones suponía dejar de recibir llamadas y hacer un paréntesis en la vida; ahora no podemos estar un minuto sin conectarnos. Entre los dos extremos debe de haber un término medio, pero en algún momento nos hemos perdido y ese término medio se nos ha extraviado.

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