La noticia saltó como una bomba: el Rey abdicaba y cedía la Corona a su hijo, que en adelante será Felipe VI. Chirría un poco que en una democracia el máximo representante del Estado se elija, como decían ayer de manera humorística en un programa de radio, en unas primarias cerradas: un monarca, un voto y se acabó. La monarquía en sí resulta un poco anacrónica, pues concede a una persona, el Rey, una especie de impunidad que le hace estar por encima del bien y del mal, es decir, por encima de la Justicia, y eso en base a una supuesta sangre noble que corre por sus venas desde hace siglos, los mismos siglos que lleva su familia (la de este y la de todos los reyes) oprimiendo y explotando a sus súbditos. Hace unos días, casualidades, tuve la oportunidad de leer el manifiesto que envió Quevedo a Felipe IV (otra casualidad) y que le costó la prisión. Sorprende descubrir que, línea por línea, casi se puede aplicar a la situación actual [Por si alguien quiere leerlo, lo encontrará en este enlace: Manifiesto Quevedo] . El debate ahora es Monarquía o República, y cada cual tiene sus preferencias. Cada sistema tiene sus vicios y sus virtudes, y si bien es cierto que en una República se elige al Presidente periódicamente, con el actual sistema de partidos y la poca talla política de los mismos, ¿Hay alguien que pueda garantizar que no van a convertir la figura simbólica del Jefe del Estado en un títere más para resolver sus guerras? Ya lo hacen con los presidentes del Congreso y el Senado, supuestamente imparciales y a quienes se ve el plumero muy a menudo (¿verdad, Celia Villalobos?). ¿Alguien se imagina a un PP antirrepublicano defendiendo la marca de la República de España? ¿Monarquía o República? Libertad, igualdad, trabajo y derechos sociales. Después hablamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario