Estamos en pleno aterrizaje de este nuevo año y antes de tomar pista ya nos bombardean las noticias negativas. El paro actual, el desempleo futuro, las subidas de precios, la barbarie en diversos lugares y muchas otras malas noticias van minando poco a poco nuestra confianza colectiva. Vivimos en un ambiente de depresión compartida que nos hace más pequeños individualmente, y nos hace temer que el más mínimo cambio termine por destruirnos. Cada uno somos una historia, pero todas están entrelazadas y todas nos afectan en mayor o menor medida. Buscar el optimismo, la fuerza para arrancar, la ilusión por salir adelante es a veces un ejercicio de fe. Nos obligamos a decirlo y a creer en ello como en una religión, a ciegas y sin ninguna prueba de que realmente están ahí, dentro de nosotros. Andamos por la calle entre caras serias y nos ponemos serios, intentando adivinar dónde estarán escondidas las sonrisas, agarrados con fuerza a los reposabrazos del asiento deseando ser los supervivientes de este aterrizaje de emergencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario