miércoles, 16 de enero de 2013

La Bolsa de la Vida

En estos tiempos en los que las noticias bursátiles saltan a cada momento en todos los informativos, es fácil establecer un paralelismo entre los movimientos de los índices y el devenir de la vida. Lo primero, y lo más importante, es que NADIE sabe nunca lo que va a pasar en el momento siguiente, en el segundo inmediatamente posterior al presente. Nadie, ni el mejor economista del mundo lo puede saber. Como se suele decir, un economista es aquel que mañana te explicará por qué hoy no ha ocurrido lo que predijo ayer. Es imposible predecir el futuro. Entonces, ¿Cómo posicionarnos para tener éxito y conseguir nuestros objetivos? Debemos basarnos en lo ocurrido en el pasado, buscar los patrones que se repiten en los acontecimientos, y en base a ellos, y a nuestra experiencia y aprendizaje, interpretar cuál será el resultado más probable para tomar decisiones. Todo es cuestión de probabilidades, nunca de certezas, y aprender a manejar esas probabilidades y a asumir la cuota de riesgo que presenta cada una de ellas es imprescindible para lograr un objetivo. Hay que tomar decisiones, y seguir adelante con ellas, asumiendo su éxito o su fracaso en igual medida. El éxito es tan peligroso como el fracaso, pues nos hace tener una falsa sensación de control que nos hará cometer errores, y el fracaso no asumido nos hará temerosos e incapaces de decidir. Si tenemos claro que tan sólo podemos aproximar probabilidades de los sucesos futuros, y aprendemos a manejarnos con ellas, seremos capaces de alcanzar lo que nos propongamos. Así es la Bolsa. Así es la Vida.

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