domingo, 6 de enero de 2013

Síndrome

La mayoría de las personas, según indican algunos estudios, cree en cada momento de su vida que tal y como son en ese momento concreto, es como serán en el futuro. Que sus ideas, creencias y convicciones son definitivas y que siempre van a pensar como piensan ahora. Es lo que los especialistas llaman el "Síndrome del Fin de la Historia". Me resulta sorprendente, pues si cada uno de nosotros miramos diez años hacia atrás, por ejemplo, y vemos cómo éramos entonces, nos daremos cuenta de que ya no somos así, percibiremos que hemos cambiado de gustos, de aficiones, muchas veces de amigos o de pareja, de ideas, de manera de vestir y de casi de todo lo que podemos cambiar. Personalmente, yo creo en todo lo contrario que define ese síndrome, creo que somos cambio permanente y que sólo unas pocas características o gustos fundamentales, seguramente relacionados con el comportamiento adquirido vía genética, son más duraderos. El resto, todo es cambio. Como escribió Jorge Manrique, "nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar", y como ríos, el cauce por el que nos deslizamos es casi siempre el mismo, cambia poco, pero el agua que discurre en cada centímetro del recorrido es siempre distinta. Somos cambio permantente, y gracias a eso, nos adaptamos y podemos superar las adversidades. Si no fuéramos capaces de cambiar, estaríamos condenados a desaparecer.

"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos" (Pablo Neruda, Canción Desesperada)

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