Primer día del año. En días como éste, tenemos la costumbre de ponernos límites temporales para hacer cosas: meses, semanas..., como si el tiempo fuera algo que podemos acotar y delimitar. No podemos, sólo podemos medirlo, y con tal imprecisión, que siempre vivimos en una aproximación al tiempo presente, porque el tiempo siempre fluye y nunca lo podremos parar. Cometemos el error de tomar el tiempo como la medida de nuestra voluntad para fijar nuestros propósitos, sobre todo en épocas como ésta, sin darnos cuenta de que si de verdad estamos dispuestos a hacer algo, el tiempo de hacerlo es ahora, es ya. Cada momento desperdiciado esperando la ocasión de ponernos a hacer lo que hemos decidido es tiempo que no vamos a recuperar, tiempo que vamos a llegar tarde. No hay que olvidar que los propósitos que nos marcamos, los marcamos nosotros, y si no somos capaces de cumplir con nosotros mismos, ¿Cómo vamos a ser capaces de cumplir con los demás? Cada vez que posponemos lo que queremos hacer, o lo que decimos que queremos hacer, estamos defraudándonos y estamos traicionando la confianza en nosotros mismos, y eso siempre lo acabaremos pagando en forma de frustación o sensación de fracaso. Como dice una frase, que no se de quién es, "hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes"
No hay comentarios:
Publicar un comentario