Cuando nos enfrentamos a situaciones que no nos agradan, cada uno, como individuos que somos, lo hacemos de una manera diferente. Incluso dependiendo del momento de nuestra vida en el que nos encontremos, nosotros mismos podemos encarar una situación similar de maneras distintas. La decisión que tomemos en ese instante dependerá en gran parte del aprendizaje anterior, algo que ya comenté en otras entradas, y de nuestro estado subconsciente. Tenemos una gran cantidad de información negativa acumulada de la que ni siquiera somos conscientes de que existe, y si no aprendemos a manejarla, nuestra mente puede frenarnos sin que seamos capaces de percibirlo. En este caso, nuestras decisiones se vuelven defensivas, y como cualquier reacción defensiva, llega un segundo más tarde de que se produzca la acción que la provoca, lo que casi siempre nos generará insatisfacción ante los resultados conseguidos. Es el paso previo a la frustración. El objetivo sería trabajar nuestro subconsciente, reeducarlo de manera que nos haga tomar decisiones en función del ahora del estímulo actual, sin tener en cuenta los resultados anteriores. Es la acción preventiva, que se adelanta al resultado del estímulo e intenta aprovecharlo en su propio beneficio. Es cierto que en cualquiera de los dos casos nos podemos equivocar, pero en el primero el retorno que recibimos es que no controlamos nuestra vida y vamos siempre a remolque (aprendizaje negativo, de nuevo), y en el segundo, a pesar de que no estamos libres de error, la sensación que percibimos es que construimos nuestro camino (aprendizaje positivo). Es cuestión de elegir con cuál te sientes más a gusto.
Interesante reflexión e interesantes métodos... Aunque me parece realmente difícil de llevar a cabo -el del aprendizaje positivo-, pues mucho me temo que soy de los que van 'a remolque' o eso me parece a mí. Como decía cierta escritora de éxito relativo allá por los 90, y que ahora ya no está tan de moda: Ojalá cada día fuera como una hoja en blanco y poder así despertarnos sin tener en cuenta las tristezas, frustraciones, éxitos (se puede morir de éxito... Dios mío!), alegrías... para poder emprenderlo todo con aires renovados, con la ilusión de un chaval. Pero no suele ser así: la tormentilla pasajera de hoy puede convertirse en el huracán caribeño de mañana.
ResponderEliminarEnhorabuena por el post (de nuevo)!
Saludos
Gracias por tus comentarios, como siempre. Efectivamente no es un proceso fácil, y hay que hacer un gran esfuerzo para cambiar nuestra manera de enfrentarnos a las cosas. A fin de cuentas, luchamos contra nosotros mismos, y tendemos a ser permisivos con nuestros errores.
EliminarSaludos