El día se
ha levantado feo. Es de esos días en los que parece que todo va a ir a la
contra desde el principio. Sí, el despertador ha sonado a su hora, pero desde
el primer momento me he dado cuenta de que hoy su hora no es la mía. Es como si
hubiera dormido al revés, a contracorriente. Por la ventana el cielo parece
gris y borroso, las calles aparecen mojadas y nada invita a salir de la cama. El
día se ha levantado feo, y el aire en la habitación está impregnado de neblina
húmeda, de una sensación de vacío intenso que llena cada hueco y cada
pensamiento. Salir de la cama es ahora como poner los pies en el aire, y quedar
suspendido sobre al abismo, esperando el momento en el que empiece a caer hasta
el fondo de algo que no consigo ver. No hay suelo, ni nada a lo que agarrarse,
sólo la intención de sobrevivir, el deseo de luchar, el cansancio de estar
siempre en el mismo sitio, la sombra de la derrota, el miedo a lo desconocido.
El día se ha levantado feo, no hay ojos en los que mirarse, ni brazos que
deseen sujetarme. No hay sonrisas alrededor, ni calor, sólo oscuridad, sólo la
habitación, sólo este día feo, tan feo como tantos otros, tan atractivo como
podría serlo cualquier otro. El día se ha levantado feo y con ánimo de
fastidiar. Se ha propuesto hacerme ver lo negativo de lo positivo; ha decidido
no dejarme disfrutar ni de un único y mínimo triunfo. Lo veo en su cara, hoy se
ha propuesto aplastar cualquier atisbo de optimismo, cualquier esbozo de
sonrisa, cualquier impulso que sume. El día se ha levantado feo y quiere
pintarlo todo de gris, de anodina normalidad. Quiere hacer del cansancio su
arma, de mi ánimo escaso su principal argumento. Quiere que mis pies lo sientan
y sepan que van a caer al vacío sin remedio, disfruta sintiendo cómo a
veces el miedo me invade, cómo la angustia me atenaza, y se ríe cuando ve que,
a veces, casi, sólo casi, pierdo el control. El día
se ha levantado feo y quiere hacer que yo sea como él, apagado, triste y
brumoso. Quiere envolverme en su luz mortecina de alma en invierno para que todo
yo sea también invierno. El día se ha levantado feo, y hoy me ha ganado la
partida.
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