Tenemos sólo una vida por vivir, eso es biológicamente indiscutible, pero si nos olvidamos de la biología y nos paramos a pensar en nuestra línea vital, en nuestra evolución como personas, en realidad somos como los gatos, ya que a lo largo del tiempo vivimos varias vidas diferentes. El final de cada una de estas vidas puede venir marcado por factores del desarrollo (la niñez, la adolescencia y juventud, la madurez, la vejez...), pero también puede venir determinado por factores emocionales, por sucesos que nos afectan y nos hacen replantearnos nuestra existencia o nuestra manera de ver las cosas, y que nos hacen cambiar profundamente la percepción de lo que nos sucede, nuestra forma de enfrentarnos a los retos de cada día e incluso nuestras creencias o convicciones. Cada vez que algo se rompre dentro de nosotros, sea por el motivo que sea (un accidente, una enfermedad, una ruptura sentimental, la pérdida del empleo, la pérdida o la ausencia de los seres queridos...), y luchamos por repararlo, empezamos una nueva vida. Cada vez que nos caemos y nos levantamos empezamos una nueva vida. No estaría mal revisar la nuestra y ver cuántas vidas hemos vivido hasta ahora. Y mentalizarnos de que todavía nos quedan otras por vivir. Igual que gatos.

Pues contando asi rápido yo llevaré unas 10... y creo que ahora estoy empezando la siguiente. Buena reflexion para antes d dormir ( María)
ResponderEliminarGracias María!! Suerte en la que estás empezando...
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ResponderEliminar.. Cuando luchamos por repararlo empezamos una nueva vida...
ResponderEliminarNunca se me había ocurrido este planteamiento, pero así es. Renacemos de las cenizas.. y nos vamos haciendo más fuertes.
Vamos cambiando, evolucionando... quedan atrás debilidades y surgen fuerzas hasta el momento desconocidas... y bueno es que esto ocurra una, dos.. o las veces necesarias.
Belen