Hoy toca otra vez un momento de pausa. Después de varias entradas hablando de otros temas, hoy el cuerpo me pide hablar de mi. Sí, puede ser una muestra de exhibicionismo, pero es lo que me apetece. Desde que, ya hace muchos años, descubrí este medio y colgué mi primera página en la web pobladores.com (que ni siquiera se ya si existe), he tenido siempre la certeza de que es más fácil desnudarse delante de un millón de desconocidos que enseñar una sóla de tus debilidades a alguien muy cercano. El caso es que hoy me apetece escribir sobre mi, y a eso voy. Empezaré por admitir que la primavera no me ha sentado bien, aunque quizás lo que no me ha sentado bien ha sido este año, en el fondo es lo mismo. De igual manera, tengo que reconocer que ando un poco tocado de ánimos. Tener la certeza de que siempre he vivido en el lugar equivocado y en el momento equivocado no me ayuda mucho a superarlo, la verdad. No es una sensación nueva, es algo que periódicamente se me revela, de manera recurrente, en diferentes etapas de mi vida. Siempre fuera de sitio. Siempre la sensación de ser un exiliado buscando su origen, condenado a no encontrar un lugar en el que sentir como un hogar. Viviendo siempre en precario. Sostenido sólo por mi convicción de que siempre lo mejor está por llegar, aunque la vida me demuestra día a día que lo que está por llegar es lo que llega, ni mejor, ni, por ahora, peor. Agarrado a los sueños que espero realizar y con la misma fuerza a los que ya se que nunca se cumplirán. Siempre extraño en medio de la gente. Sin comprender por qué soy incapaz de mezclarme con los demás, por qué no puedo ser uno más; sin entender por qué cuando cae la noche, todas las puertas se cierran y yo me quedo fuera, buscando un lugar que no consigo encontrar.

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