A veces necesitamos parar, encerrarnos un poco en nosotros mismos y aislarnos del exterior. Dar un repaso a lo que tenemos dentro, al potencial que podemos desarrollar por nuestros propios medios y no preocuparnos de los factores externos. Tenemos tendencia a preocuparnos de cosas que no podemos controlar, factores que se escapan de nuestro ámbito de actuación, y sin embargo dejamos que condicionen nuestra manera de actuar en las situaciones que sí podemos controlar, que sí dependen de nosotros. Vemos gigantes donde hay molinos y en lugar de esquivarlos y sortear los golpes de sus aspas, nos lanzamos a luchar contra ellos sabiendo que no podemos ganar. Es como si buscáramos una gran derrota a manos de un enmigo invencible para justificar nuestras pequeñas derrotas personales, las derrotas que sufrimos contra nosotros mismos, contra nuestra incapacidad para centrarnos en lo que sabemos hacer e intentar hacerlo, y no gastar energías en lo que no podemos pero queremos hacer. No es fácil conseguir ese punto de equilibrio, adquirir consciencia de lo que realmente puedo hacer porque depende de mi y dejar de lado lo que no puedo hacer porque depende de otras circunstancias. Es difícil poder separar todos los factores y seleccionarlos a nuestro favor. Es difícil, pero hasta que no lo consigamos, seguiremos atascados en la maraña que nos aprisiona y nos impide movernos.
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