Esta es una historia real, y los personajes son reales. La conocí hace unos pocos días, y aunque por ahora no tengo detalles muy precisos, pues ocurrió hace más de 75 años, sí puedo contar las líneas generales. Es la historia de dos amigos, Cipriano y Julio. Julio ténía un bar en Madrid, en el centro, un bar que aún sigue abierto a día de hoy. En este bar trabajaba Cipriano, empleado suyo que con los años se había convertido en su amigo. Al inicio de la guerra, Julio, partidario de los rebeldes de derechas, estaba en serio peligro de ser detenido por los republicanos que entonces controlaban Madrid. Cipriano, ante el peligro que corría su amigo, se arriesgó y consiguió sacar a Julio de Madrid a tiempo, escondido en un carro de paja, y llevarlo hasta un pequeño pueblo de Guadalajara, en el que estuvo oculto hasta que terminó la guerra. Una vez la guerra hubo terminado, cambiaron las tornas, y ahora era Cipriano quien estaba en situación de riesgo. Julio no olvidó ni el favor ni a su amigo, y se encargó de protegerle y conseguirle un empleo fuera de sospecha a través de sus contactos, librando a Cipriano de las represalias que otros sí sufrieron. Curiosamente, la única diferencia importante que tuvieron los dos amigos sucedió unos años después, cuando Cipriano pidió a Julio que fuera el padrino de bautismo de su hijo. Julio aceptó, a condición de que el niño se llamara Julio, a lo que Cipriano se negó en redondo. Como no hubo forma de ponerse de acuerdo, pues los dos eran muy obstinados, Julio cumplió como padrino, pagó el banquete y asistió como amigo, pero no quiso ser inscrito en la iglesia como padrino del niño. Los dos protagonistas de esta historia murieron hace ya unos cuantos años. Desconozco cuando murió Julio. Cipriano murió en 1970, un mes antes de que yo hiciera mi primera comunión. Era mi abuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario