Primero nos llenaron los bolsillos, y como teníamos el riñon cubierto, miramos para otro lado cuando se descubrieron sus corrupciones. Luego dieron la voz de alarma, el sistema se hundía, el apocalípsis se nos venía encima. Entonces, los mismos que lo habían provocado nos prometieron arreglarlo, y se presentaron como los únicos que podían hacerlo. Llegaron al poder e hicieron exactamente lo contrario de lo que decían. Lo que en el programa electoral eran soluciones, una vez en el gobierno se convirtieron en problemas. Las soluciones eran las contrarias. Se quitaron la careta ideológica y se dispusieron a repartirse el pastel: la Sanidad a las empresas de los amigos. La Educación Pública, para qué, eso es de pobres, los niños bien van a colegios de pago y estudian religión católica, como dios manda, y mejor si están separados por sexo, que la carne es débil. La Universidad para quien pueda pagarla, o sea, para los nuestros, que no interesa tener gente educada con conocimientos y conciencia que luego te pueda salir respondona. Las pensiones, más reducidas, pues ahora vivimos más años y tampoco es el caso de que alguien coma caliente tres veces al día durante el resto de su vida a costa del Estado, con dos y un tentempié basta, a fin de cuentas los obreros siempre han sido unos vagos y unos parásitos, y desde que se abolió la esclavitud las cosas ya no funcionan igual de bien que antes. Vale, sí, igual tienen que dejar alguna medicación porque no pueden con el repago del copago, pues oye, está mal visto, pero si se mueren antes, ahorro para el Estado, que Hacienda somos nosotros, digo, todos. Nos quitaron la asistencia a los dependientes y les dejaron en la estacada, total, esos no se van a manifestar mucho. Nos rebajaron el sueldo y dieron carta blanca a los empresarios para despedir casi sin coste, con lo que las listas del paro subieron hasta lo inconcebible; los contratos eran tan precarios que no tenían ni el valor del papel en el que estaban escritos. Luego fueron a por la Justicia, afinando el sistema para encubrirse unos a otros, y en caso de que algún juez se salga con la suya (algún despistado que aún no se haya enterado de que mandan ellos), pues colocan a los suyos en la Fiscalía y en la Agencia Tributaria, se cargan a los inspectores que inspeccionan seriamente, y nombran a los peritos adecuados para que el caso quede sobreseído o se haga tan farragoso que se pierda en el tiempo. Y si todo eso falla, pues siempre te quedan tus amigos para pedir el indulto, y como seguro que quien concede el indulto debe algún favor, pues lo conseguirás como si nada. Eso sí, el que quiera justicia, que la pague. El penúltimo escalón (el último siempre está por llegar) es amordazar al ciudadano, porque es evidente que para que la gente no proteste lo mejor no es solucionar los problemas que les hacen manifestar su descontento, que va, lo ideal es que se les quiten las ganas de protestar a base de multas y amenazas. Ahora sí que estamos cautivos y desarmados...
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