El comportamiento orientado a eludir los impuestos no es nuevo. Las primeras obligaciones tributarias se recogen en tablillas cuneiformes de hace unos 5.000 años, y desde entonces se reconoce al recaudador de tributos como persona a la que temer y odiar al mismo tiempo. Es de suponer que ya entonces habría quien no estaba de acuerdo con esa manera de recaudar riquezas para el estado, y que por tanto intentaría no contribuir, arriesgando literalmente su vida en el intento. Pero los estados son máquinas implacables de recaudación, perfeccionadas durante el Imperio Romano y adaptadas por todas las culturas posteriores, y donde hay posibildad de enriquecimiento fácil, hay corrupción, pues la avaricia es una fuerza muy poderosa. Cuando esa corrupción llega a las propias entrañas del Estado, acceder al poder político es una forma de medrar y de estar en el lado correcto para satisfacer la avaricia. Esa es la situación actual en España. Políticos que se enriquecen a costa de sobornos, comisiones ilegales y favores, que además tienen impunidad para proteger sus "ganancias" a través de entramados financieros y que cuando son descubiertos se libran con triquiñuelas legales. La perversión del espíritu de Robin Hood: roban a los pobres para enriquecer más a los ricos. Que casualmente son los de siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario