Los humanos tenemos una tendencia malsana a negar lo evidente, comportamiento éste que desarrollamos desde niños. Cuántas veces nos pillaron nuestros padres en alguna travesura, y a pesar de haber sido cogidos con las manos en la masa, negábamos estar haciendo lo que era más que evidente que estábamos haciendo. Lo curioso es que, aunque sabemos de la inutilidad de este comportamiento, pues hemos sido pillados in fraganti, nos enrocamos y lo mantenemos a lo largo de nuestra vida. Da igual que nos cojan en un exámen con la chuleta en la mano, que hagamos saltar un rádar de tráfico por circular por encima del límite permitido, que nos sorprenda nuestra pareja con otra persona, que el jefe nos cace en algún lugar de ocio después de decir que estábamos enfermos y cualquier otra situación que se nos ocurra. Siempre negamos lo evidente. Pero eso es nuestra potestad como personas privadas, lo peor es que quienes nos gobiernan (siempre entendidos como el conjunto de gobierno y oposición) hacen exactamente lo mismo, y hacen de la negación de lo evidente la manera de interpretar datos y situaciones, con una poca vergüenza que debería asustarnos y hacernos reflexionar si el sistema que tenemos realmente funciona.
Todo lo que dices es cierto, ahora bien: es tan extraño que nuestros políticos actúen así cuando tú mismo confiesas que es lo que hemos mamado todos desde la más tierna infancia? Mientras no cambiemos TODOS nuestras escala de valores y aprendamos a asumir nuestros errores, fracasos y culpas, no tenemos legitimidad para señalar con el dedo, porque en su lugar, haríamos exactamente lo mismo, y por eso la diferencia entre partidos se ha difuminado de tal manera que ya no existe. O esa es la sensación que todos tenemos, no?
ResponderEliminarDesde luego, pero precisamente los elegimos porque pensamos (o pensábamos, ya se nos ha ido la inocencia democrática de los 80) que ellos se dedican a esto de manera altruista y que van a estar a la altura que se espera de ellos. Por eso duele más que nos defrauden.
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