Una de las desventajas de ser seres racionales es que somos conscientes de los acontecimientos que ocurren y por tanto de las consecuencias que nos pueden acarrear. Ver a un miembro del grupo devorado por fieras era seguramente algo que producía una profunda impresión en el resto de la tribu, lo que les hacía temer sufrir esa misma suerte. El miedo al dolor, y el dolor como consecuencia de un acontecimiento, lo llevamos grabado en lo más profundo de nuestros cerebros. Es lo que hace funcionar nuestro instinto de supervivencia. Y es lo que ha utilizado desde siempre el Poder para someter al resto de los ciudadanos. Por Poder me refiero igualmente a los políticos, a los militares, a los empresarios y a los poderes religiosos, sin distinción, cada uno en una fase de la historia o todos a la vez. Quienes controlan los terrores primarios de la gente, controlan a la gente, y por tanto, pueden imponer su voluntad al resto. Antes era el ataque de un animal salvaje, el miedo a morir en la hoguera o en el potro de tortura, o en una guerra. Ahora es el miedo a perder el empleo, a empeorar nuestra situación económica y quedarnos sin recursos. En cualquier caso, los que tienen el poder lo saben, y por ahí nos aprietan, a base de leyes para coartar la libertad y tenernos inmovilizados. Sólo así se entiende que no estemos peleando en la calle para echarles a todos de este país.
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