La marquesa de Murillo y condesa consorte de Bornos nos ha demostrado una vez más que en España sigue habiendo clases. O más bien, que quienes forman parte de las familias que se han creído por encima de los demás durante siglos, debido a prebendas y títulos que seguramente tienen un origen oscuro y bañado en la sangre y la explotación de miles de ciudadanos durante centurias, quieren que el orden de las cosas siga así. ¿Cómo osa un simple "guindilla" (término con el que se designaba no hace mucho a los policías municipales en Madrid, ahora casi en desuso) a multar a una marquesa, condesa y ex-presidenta por dejar su coche en el carril bus de la Gran Vía en hora punta? ¿Acaso no escucharon lo que dijo Fraga en su momento, que la calle es suya? Y si la moto se cae sola cuando se va a casa sin atender las indicaciones para que se detuviera, es culpa del policía que no la estacionó correctamente. Así que en lugar de reconocer su error, pedir disculpas y dejarlo pasar, sigue la máxima de los hidalgos españoles desde hace siglos, tan bien reflejada en el Quijote, el tan carpetovetónico "sostenella y no enmendalla", y salta a los medios intentando justificar la multa por el machismo de los agentes. Alucinante. Hay que tener un morro a prueba de todo para que no se te caiga la cara de vergüenza después de decir esa estupidez. Pero claro, ella es noble, está por encima de la chusma maloliente que pulula por estas calles, y a los nobles morro es lo que les ha sobrado a lo largo de la historia. Y para terminar de cagarla, su protegido, Carromero, un delincuente condenado por homicidio imprudente al volante de un automóvil, con todos los puntos del carnet de conducir retirados por la DGT por infracciones reiteradas, sale a defenderla (se lo debe, gracias a ella salió de Cuba con mentiras y no cumplió ni una mínima parte de la condena impuesta) y ataca a los agentes municipales que hicieron su trabajo. Lo grave es que el tipo es asesor del Ayuntamiento de Madrid, que le paga un sueldo, y se permite atacar a los policías a los que como miembro del Ayuntamiento debería defender. Algo huele mal, muy mal, aunque estemos muy lejos de Dinamarca.
Vivimos en un mundo plano y al mismo tiempo lleno de aristas. Somos rehenes de la mediocridad y la uniformidad, y luchamos para vivir la ilusión de sentirnos diferentes. Tenemos una sociedad gris, en la que los poderes dominantes son esclavos de lo políticamente correcto y legislan pensando en el titular de mañana y en el beneficio personal de pasado mañana.
martes, 8 de abril de 2014
La marquesa
La marquesa de Murillo y condesa consorte de Bornos nos ha demostrado una vez más que en España sigue habiendo clases. O más bien, que quienes forman parte de las familias que se han creído por encima de los demás durante siglos, debido a prebendas y títulos que seguramente tienen un origen oscuro y bañado en la sangre y la explotación de miles de ciudadanos durante centurias, quieren que el orden de las cosas siga así. ¿Cómo osa un simple "guindilla" (término con el que se designaba no hace mucho a los policías municipales en Madrid, ahora casi en desuso) a multar a una marquesa, condesa y ex-presidenta por dejar su coche en el carril bus de la Gran Vía en hora punta? ¿Acaso no escucharon lo que dijo Fraga en su momento, que la calle es suya? Y si la moto se cae sola cuando se va a casa sin atender las indicaciones para que se detuviera, es culpa del policía que no la estacionó correctamente. Así que en lugar de reconocer su error, pedir disculpas y dejarlo pasar, sigue la máxima de los hidalgos españoles desde hace siglos, tan bien reflejada en el Quijote, el tan carpetovetónico "sostenella y no enmendalla", y salta a los medios intentando justificar la multa por el machismo de los agentes. Alucinante. Hay que tener un morro a prueba de todo para que no se te caiga la cara de vergüenza después de decir esa estupidez. Pero claro, ella es noble, está por encima de la chusma maloliente que pulula por estas calles, y a los nobles morro es lo que les ha sobrado a lo largo de la historia. Y para terminar de cagarla, su protegido, Carromero, un delincuente condenado por homicidio imprudente al volante de un automóvil, con todos los puntos del carnet de conducir retirados por la DGT por infracciones reiteradas, sale a defenderla (se lo debe, gracias a ella salió de Cuba con mentiras y no cumplió ni una mínima parte de la condena impuesta) y ataca a los agentes municipales que hicieron su trabajo. Lo grave es que el tipo es asesor del Ayuntamiento de Madrid, que le paga un sueldo, y se permite atacar a los policías a los que como miembro del Ayuntamiento debería defender. Algo huele mal, muy mal, aunque estemos muy lejos de Dinamarca.
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