Rajoy acuñó un término que tuvo un cierto éxito para calificar las decisiones de gobierno de Zapatero, etiquetándolas de "ocurrencias". Siguiendo esa misma línea, ha puesto en práctica su propia cosecha de ocurrencias, que debido a su estilo particular de hacer sin hacer nada, podemos llamar "marianadas". Ha habido muchas a lo largo de estos de estos años, pero de cara a este verano, y a la vista de los malos resultados que auguran las encuestas al PP de cara a las próximas citas electorales, se ha puesto a trabajar a destajo. Una bajada de impuestos que no baja los impuestos, un anuncio de reducir aforados aforando a más gente, una reforma del proyecto de reforma de la ley del aborto, para seguir dejándola peor que la ley actual o un cambio en los criterios para contar los parados y reducir el número de desempleados sin que se cree empleo, entre otras. Y la que sin duda será la medida estrella en los próximos meses, la imposición de la lista más votada en los ayuntamientos de todos los pueblos y ciudades, impidiendo la formación de mayorías por coalición. Es decir, que si en un ayuntamiento, Madrid, por ejemplo, el PP saca 15 concejales, el PSOE 8, IU 8 y Podemos 3, deberá gobernar el PP, aunque una posible coalición de izquierdas sume 19 escaños. Y esto lo hace, en el colmo de la desfachatez, ¡para regenerar la democracia! Democracia es el gobierno de la mayoría, y si una coalición representa a un mayor número de ciudadanos, tiene todo el derecho a gobernar. Eso es democracia. Lo demás, pucherazos con aspecto de legalidad para proteger sus privilegios y seguir chupando del bote. Marianadas.
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