miércoles, 16 de julio de 2014

Empresarios



Ya están de nuevo los empresarios apretando las tuercas al Gobierno. y como son quienes les financian las campañas electorales y otros chanchullos, al final lo conseguirán. El presidente de la patronal, Rosell (ese que parece que se peina con un lengüetazo de vaca por las mañanas según se levanta) ha soltado esta semana que los trabajadores se tienen que acostumbrar a no tener un salario fijo, que las remuneraciones deben ir acordes a los beneficios de las empresas. Para entendernos, quiere unas nóminas que fluctúen como el precio de la gasolina: cuando el petróleo sube un poco, la gasolina se dispara de inmediato; cuando el petróleo se desploma, la gasolina apenas se mueve y tarda semanas en bajar. Pues este señor quiere que con las nóminas pase lo mismo, pero seguro que lo aplican al revés, tontos no son. Es decir, que cuando los beneficios de la empresa aumenten, las nóminas  subirán, pero seguro que los trabajadores apenas lo notarán y los empresarios tardarán mucho en repercutir la subida, pero cuando caigan, las bajadas de salarios serán drásticas y generalizadas, además de inmediatas, al calor de la reforma laboral del Gobierno Rajoy. Lo que hay que preguntarse es si el resto de servicios que reciben los ciudadanos (agua, luz, gas, sanidad, recogida de basuras, educación, teléfonos, hipotecas, justicia y demás) también se adaptarán a las fluctuaciones de las nóminas, y cuando las nóminas bajen, también bajarán los costes de estos servicios. Eso sin contar que la mayoría de las empresas españolas hacen "ingeniería contable" para declarar los menores beneficios posibles y eludir impuestos. 

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