miércoles, 2 de julio de 2014

"Fúrbol"

Quizás es porque yo no soy un forofo del fútbol. Sólo soy de dos equipos, el Madrid y todos los que jueguen contra el Barça. Y de la selección, cuando ganan. Me gusta que gane el Madrid, pero si pierde tampoco me da nada. Ni siquiera veo los partidos, me vale con los resúmenes de las noticias del día siguiente. Como digo, quizás es por eso por lo que no entiendo la pasión desmedida por el fútbol. No entiendo que personas adultas organicen su fin de semana en torno a un partido de liga o lloren cuando su equipo pierde un partido importante. Pero esa es la magia del fútbol. Transforma a las personas. Estos días ha habido un ejemplo que me ha sorprendido. Soy admirador de José Mujica, presidente de Uruguay. Le tengo por un hombre sensato, comedido, y que ha demostrado que se puede ser importante sin rodearse de toda la parafernalia que acompaña al resto de mandatarios mundiales, quienes se esconden detrás del boato del cargo para hacernos creer a los demás que están por encima de nosotros. Pues este señor, don José, siempre razonable, saltó destemplado y enfurecido con la FIFA, llamándoles incluso "hijos de puta" delante de los periodistas y denunciando conspiraciones en contra de su país con motivo de la sanción a un jugador uruguayo que mordió a un rival. Sanción merecida, pues el jugador en cuestión ya había sido sancionado otras dos veces anteriormente por acciones similares en otros tantos equipos. Es la fuerza del fútbol, la que consigue que el doctor Jekyll se convierta en mister Hyde durante noventa minutos a la semana.

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