lunes, 15 de julio de 2013

Dictadura

Cuando la democracia se maneja con mayorías absolutas demasiado grandes pierde su esencia y se convierte en la dictadura de la mayoría electa. Esta mayoría no admite el diálogo y los acuerdos con la oposición. No son necesarios. El único acuerdo que aceptan es que los demás están de acuerdo con ellos, sin ceder en nada a las pretensiones de los demás, porque ellos lo valen, así lo han dictado las urnas. Llega un momento en que las mayorías absolutas gobiernan incluso a espaldas de sus propios votantes, quienes se convierten en meros soportes de urna cada cuatro años, para que los cargos electos de turno sigan con su dictadura monopartidista hasta la siguiente votación, y sigan tejiendo sus redes de clientelismo político y corruptelas basadas en ese poder absoluto en un ámbito determinado. Ocurrió con Felipe González, ocurrió con Aznar y está ocurriendo con Rajoy. Y en cada una de estas ocasiones, la democracia y los derechos sociales han salido dañados. En todas estas etpas hemos tenido que soportar la dictadura de la mayoría, tan nociva como una dictadura personalista de las que todos tenemos en mente, pero legitimada por unos votos cautivos por un sistema injusto y poco participativo.

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