Estamos en medio de una fuerte ola de calor, y parece que la vida se pone al ralentí. Nuestro ritmo vital se hace más lento, cuesta más comer, dormir, caminar o realizar cualquier tipo de actividad y estamos, como se dice coloquialmente, aplatanados. Pero por otro lado, también el calor saca lo peor de nosotros mismos, nos hace más agresivos, nos pone "la sangre caliente", y parece que estamos siempre listos para saltar con la más mínima provocación y para entrar en discusiones absurdas. No en vano, durante las olas de calor intensas o prolongadas, aumenta el número de disputas y pequeños altercados, tanto en el trabajo como con la familia o amigos, y sobre todo, entre conductores. Tráfico intenso y calor son la llave maestra que abre la puerta al Mr. Hyde que todos llevamos dentro.

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