Suiza, tan de moda en las últimas semanas, fue el prototipo de país neutral a lo largo de los conflictos del siglo XX, basando en esa neutralidad su principal industria, la financiera. Parece que mantenerse neutral, o al menos intentar poner equidistacia entre dos posiciones encontradas, pudiera ser una buena política para evitar conflictos, pero en realidad no es así. En general, cuando alguien intenta mantenerse neutral en una disputa, sea entre amigos, en el trabajo o a cualquier otro nivel, en lugar de ser valorado como alguien capaz de no dejarse llevar por la pasión del debate y tener una visión objetiva, automáticamente se convierte en sospechoso para todas las partes. Las personas y los grupos somos muy partidarios del "si no estás conmigo, estás contra mi", y un elemento que no esté de nuestra parte es un elemento dudoso, que puede llegar a estar de parte del otro bando. Por eso, sobre todo cuando las disputas suben de tono y las posiciones se radicalizan, los neutrales son los primeros en caer, pues ninguno de los bandos se fía de ellos.
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