Parece increíble, pero ya tenemos en España el virus del ébola. De manera controlada, eso sí. Sin riesgos. ¿Sin riesgos? Eso es otra historia. No existe el riesgo cero en nada. Cuanto más intentamos controlar una situación, introducimos más factores que pueden influir en ella, por lo que se multiplican las posibilidades de fallos. Pero no quiero hablar de eso ahora. Me voy a remontar a la llamada "Gripe Española" de 1918. En un principio se llamó así porque los periódicos españoles, neutrales en la Primera Guerra Mundial, dedicaron una cobertura mucho mayor que los de otros países, y se magnificaron los casos ocurridos aquí. La gripe no surgió en España, pero se quedó con ese nombre y pasó a la historia como el mayor asesino en serie de la historia de la humanidad, con 50 millones de muertos a sus espaldas. Sin embargo, recientes investigaciones han descubierto que en Madrid se produjo en la primavera de 1918 un primer brote de esta gripe que era benigno, y que sirvió para inmunizar a gran parte de la población (una vacuna natural) y que unos meses después, en octubre, el virus sufrió una mutación y se volvió letal, extendiéndose por toda por Europa y matando a millones de personas. Al final, resultó que el nombre de "Gripe Española" estaba justificado. Desde entonces, diversos estudios de la OMS (Organización Mundial de la Salud) han determinado que aproximadamente se produce una pandemia catastrófica cada 25-30 años. Desde la última, han pasado 35 años y todas las alertas están activadas esperando a ver dónde surge ese nuevo foco. ¿Será el ébola? O puede que en algún lugar de nuestro seguro mundo, haya en estos momentos un virus inofensivo que está mutando y preparándose para provocar una masacre. Es cuestión de esperar.
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