lunes, 6 de marzo de 2023

La vuelta


Después de unos años sin escribir nada en este sitio, me he propuesto volver a la disciplina de hacerlo al menos una vez por semana, pero no me resulta fácil, no se si lo conseguiré. Me da un poco de pereza, porque parece que el tiempo no haya pasado y nos encontramos casi con los mismos temas que quedaron pendientes antes del largo parón. Vivimos en un permanente día de la marmota, y la verdad, toda esta hipocresía en la que nos vemos inmersos me empieza a cansar. Al final, todo lo que nos rodea (política, deporte, arte, cultura, ciencia, relaciones sociales...) se reduce a cuánto cuesta y a qué beneficio voy a sacar de ello. Cualquier cosa vale si conseguimos seguidores y visibilidad en nuestras redes sociales, y más si tenemos la suerte de volvernos virales, especie de estado de felicidad por el que muchos sacrifican todo, sin importar el precio a pagar. Parece que hemos olvidado el valor de las cosas por sí mismas, y seguimos enganchados a considerar el valor de lo que conseguimos en función del beneficio que nos va a reportar; eso supone que cada día somos más egoístas y cada día nos centramos más en el "yo" en lugar de hacerlo en el "nosotros". 
Es curioso que la entrada que quedó como la última de esta serie en su momento hablara de las pandemias y del riesgo en el que vivimos. En su última frase, terminaba diciendo: "o puede que en algún lugar de nuestro seguro mundo haya en estos momentos un virus inofensivo que está mutando y preparándose para provocar una masacre. Es cuestión de esperar". Y fue cuestión de esperar. Unos años después nos vimos arrasados por el COVID, que puso nuestra vida, nuestro concepto de vida, patas arriba y nos hizo ver que todo lo que dábamos por seguro no lo era. Nos hizo ver que como seres individuales somos débiles y prescindibles, y que el mundo sigue su curso estemos nosotros en él o no. Dentro de unos días hará tres años desde que se declaró la pandemia, y aún nos estamos recuperando de sus consecuencias. Una de ellas, la nueva crisis en la que estamos sumidos, la enésima en las dos últimas décadas. Pero hoy, tres años después, ya casi nadie habla del COVID, ya nadie se acuerda de lo ocurrido, ya nadie piensa que le pudo pasar a él o ella. El tema de la pandemia ya ha desaparecido de los medios y de las conversaciones con los amigos. Es decir, ya estamos preparados para la siguiente catástrofe. Ya estamos listos para volver a rasgarnos las vestiduras y poner expresión de asombro, con los ojos muy abiertos y cara de no entender nada, si esta vez sale nuestro número en la lotería de la vida.

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