Es curioso el doble rasero que tienen todos los gobiernos sobre el tema de sus antiguas colonias. Todos menos el gobierno británico. Ellos tienen claro que las colonias son suyas y no quieren ni oir hablar del tema. Que le pregunten a los argentinos por las Islas Malvinas. Además, son coherentes con esa postura y la defienden incluso por la fuerza. Pero el gobierno español no tiene fuerza, ni moral, ni real, para defender su postura respecto a Gibraltar, principalmente porque fue un gobierno soberano español quien entregó la piedra a los británicos, mediante un tratado internacional dentro de un marco legal en la época. Así, se limita a acciones poco efectivas, pero que causan ruido de distracción en los medios, mientras los empresarios de las grandes corporaciones nacionales le recuerdan al ejecutivo que todas sus empresas y bancos tienen intereses en esa colonia, paraíso fiscal camuflado y reducto de entramados financieros ilegales. Al mismo tiempo, el ejecutivo sabe que no es posible aislar a Gibraltar, porque esos mismos entramados ilegales mueven mucho dinero que fluye a través de pequeños negocios hacia las localidades españolas adyacentes, y dan de comer a mucha gente que oficialmente está en paro y que se busca la vida como puede. Mientras, Rajoy sigue con cara de sorpresa y sin saber qué hacer. A ver si al final la vamos a liar parda por andar enredando por un quítame allá esa piedra, que con el dinero no se juega.

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