Hay una máxima en la comunicación que sostiene que ninguna noticia aguanta en primera página más de 72 horas. A partir de este momento, el público pierde interés y la noticia comienza a deslizarse a espacios menos importantes dentro de los medios hasta que por fin desaparece. Esta es la táctica que se usa habitualmente en política, y por los políticos, para salir impunes de sus numerosos chanchullos y componendas. Lo vemos a diario, por ejemplo, con las pocas explicaciones sobre el caso Bárcenas, y la burda torpeza por parte de todos los cargos del PP de ni siquiera pronunciar su nombre durante meses; lo vimos con el accidente de autobús en Ávila de hace unas semanas (¿Alguien lo recuerda, aparte de los afectados? Hubo 9 muertos...), sucedió con el accidente del Metro de Valencia hace unos años, y es lo que está empezando a ocurrir con el accidente de tren de Santiago. Los responsables correspondientes, Adif, Renfe y Ministerio de Fomento, están tejiendo una red de mentiras y desmentidos que está enmarañando todo y nos impide saber qué ocurrió de una manera rápida y concreta. Cuando los jueces se pronuncien y sentencien sobre lo ocurrido, dentro de unos cuantos años, todos los responsables políticos implicados en este suceso ya estarán disfrutando de otros cargos públicos o privados, muy bien pagados seguro, y se habrán ido sin responder por sus errores.
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